Cuando llegamos, en mi barrio propiamente, no había más que un video club repletito de películas que no queríamos ver, aunque, como no había otra cosa, acabábamos viendo con el mayor criterio posible.
Después, descubrimos que relativamente cerca, teníamos un video club de estos llamados alternativos, que traducido significa que traían películas no comerciales.
Fue un gran descubrimiento y nos regaló muchas horas de buen cine.
Años después, se obró el milagro y al lado mismito de nuestra casa, abrieron otro videoclub de estas características.
Estábamos extasiados, por qué encima hacían unos bonos maravillosos que te permitían ahorrarte tus buenos euros.
Y además, tenían las películas ordenadas por autores y una pizarrita donde ponían que día llegarían las novedades y cuales eran esas novedades.
A mi me gusta mucho Atom Egoyan, director difícil de encontrar por estas tierras y en el videoclub tenían las películas que se pueden encontrar en territorio patrio con más o menos facilidad, Ararat y Exotica.
Y eso sería todo lo que hubiese visto de este director sino fuese por qué hacía unos años la Filmoteca le había dedicado un ciclo del que pudimos ver El liquidador y El viaje de Felicia.
Pero un día, pasó; en la pizarrita ponía que el día X tendrían El dulce porvenir.
No cabía en mi de gozo, por fin, podría ver una nueva peli de Egoyan, lo de nueva es una manera de hablar, ya que esta peli era anterior a El viaje de Felicia y Aratat.
Contaba las horas y los días que quedaban para el día X y el día X, mandé a mi medio pomelo (yo estaba currando y no quería quedarme sin MI copia) a buscar la peli para verla al día siguiente, en el sofacito, calentitos, emocionaditos y etc.
Mi medio pomelo llegó y buscó la película en cuestión.
Miró y miró y volvió a mirar, pero no la encontró.
Revisó la pizarrita y vió que no habíamos errado de día, así que fue al mostrador donde la dueña/dependienta que le tiraba los trastos con sonrisas insunuantes y pronunciaba los euros que quedaban en el bono con voz de dobladora porno, le sonreía cálidamente (yo no estaba pero seguro que era así).
Mi medio pomelo le dijo:
-Perdona, he visto que hoy tendríais El dulce porvenir de Egoyan, pero no la encuentro.
Y ella, con toda su frescura snob intelectualoide le dice,
-Uy, ¡El dulce porvenir!, me la llevé anoche a mi casa, por qué total, no esperaba que nadie la fuese a alquilar y me la puse para ver...
Mi medio pomelo, le pregunta amablemente, por qué él es siempre muy amable,
-Y bueno, ¿que tal está?
Y ella, con una risita y con toda la desfachatez del mundo le dice,
-Pues no lo sé, por qué me la puse y me quedé dormida.
Mi medio pomelo intuyendo la gracia que me iba a hacer todo aquello le preguntó entonces,
-Menos mal que no está MI NOVIA, con lo que le gusta Egoyan si oye eso se muere (o te mata, según el día que tenga, que mi novia tiene mucho carácter)--->esto lo pensó, no lo dijo.
¿Y cuando la traerás?
-Pues no sé, mañana a lo mejor...
Mi medio pomelo me quiere, me cuida, me mima, y por eso le dijo,
-¿Te importaría mucho traerla mañana para que se la pueda coger?
Y ella, con esa sonrisa que le dedicaba aunque yo estuviese presente (no estaba pero me lo puedo imaginar), le dijo,
-Claro, mañana TE la traigo.
Ni que decir tiene que mañana la fui a buscar YO, se la arranqué de las manos y pensé en llamarla insensible, paleta y ceporra por haberse quedado dormida viendo a mi amado Egoyan.
Pero no lo hice, lo prometo.
Así que este es el país en el que vivimos, que hasta los dueños de los videoclubs alternativos con evidente buen gusto y criterio cinemátografico a la hora de elegir las pelis que traen, creen que ni el tato va a ver una peli del Egoyan.
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