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Los mejores

lunes, 16 de mayo de 2011

Como os comentaba hace unas semanas, he vuelto a mi antiguo puesto de trabajo, ya que durante un año estuve en un sitio diferente y en un puesto diferente aunque siempre trabajando para la misma empresa.
Este regreso significaba para mi un empeoramiento considerable en mi trabajo, afectando al sueldo, el horario, el tipo de trabajo y el trato.

El día de mi vuelta, nerviosa, frustrada y desanimada, fue complicado, tenía claro que iba a ser una jornada dura.
Pero lo que encontré, no fue duro, fue demoledor, aunque por motivos muy distintos a los que yo esperaba y que nada tenían que ver conmigo. 
Mi antiguo servicio está abarrotado de gente nueva, la última adquisición fueron 35 personas, muchas de ellas entraron sólo de refuerzo para un mes.
Hasta ahí, es normal, quiero decir, una práctica habitual en mi empresa, hacen contratos hasta fin de obra y servicio, aunque nunca antes con fecha límite.

Mi empresa se nutre de estudiantes que tras unos meses se marchan, la rotación es tremendamente alta a pesar de que hay un núcleo central más o menos estable.
A veces, se contrata a mujeres mayores, que es un eufemismo de mujeres que superan los 45 o que tienen una pinta de ama de casa que tumba patrás y que probablemente, este sea su primer trabajo después de mucho tiempo de no trabajar.

Lo que yo encontré el otro día, en cambio, era muy distinto.
Un año fuera del servicio, un año en el que la crisis se ha intensificado hasta el límite, y una empresa que ha cambiado de perfil de empleado como de la noche al día.
Nosotros somos uno de esos servicios que utilizan las empresas para externalizar sus propios servicios, cuando entré, hace 4 años y medio, la meta de cada uno de nosotros era pasar de trabajar aquí a trabajar  para la empresa que nos contrata como externos, y esa fue mi meta frustrada al irme a otro departamento.
He vuelto y compruebo que lo que ha pasado es que ahora contratamos a los trabajadores de esas empresas, los que han sido despedidos, ahora son los externos de sus propias exempresas.

Por primera vez tenemos a señores que sobrepasan los 45 años, estos no tiene pinta de amos de casa, tienen pinta de empleados de banca, oficinistas, y cualquier cosa que se haga enfundado en un traje que por algún motivo que no alcanzo a entender, no quieren dejar de ponerse aunque aquí puedes venir vestido como quieras.
Personas deseperadas que aceptan jornadas de 6 horas, a unos sueldos que deben ser menos de la mitad de lo que cobraban hace un año, cuando hablaban de nuestro sector con sarcasmo y burla.
Señores que están siete veces más formados que cualquiera de mis responsables más formados.
Señores que se revuelven incómodos en sus sillas rodeados de chicos de la edad de sus hijos.

La edad debería ser siempre síntoma de progreso, en todos los trabajos, no debería ser un lastre, o un castigo, o un impedimento y ahora, tras muchos años de trabajo duro, muchísimos trabajadores se ven en la calle, sin trabajo y cuando lo encuentran, es uno muy por debajo de lo que merecen por su trayectoria, experiencia y conocimientos. 

No quiero ni imaginar que le depara el futuro a mi propia generación.

No me puedo quejar

lunes, 2 de mayo de 2011

La semana pasada, mi hermano, después de más de un año de estar en paro, ha encontrado trabajo legal, a través de una ETT, para dos semanas, de momento.
Ha entrado por enchufe, por descontado, por que hasta para hacer de burro de carga por cuatro perras, hay que entrar por enchufe.
Llega a casa reventado, no le han dado ni ropa, ni taquilla, ni cuter, ni botas de seguridad, se lo trae él de su casa, muchas de esas cosas las tiene que aportar la ETT, pero no lo hace.
Pero no se puede quejar, por que al menos ahora tiene trabajo.

La semana pasada la hermana del medio pomelo supo que a finales de este mes, su empresa cierra por jubilación.
Hace muchos años que saben que esto iba a pasar, pero en octubre firmaban la hipoteca del piso que les están construyendo y que llevan pagando hace dos y es muy posible que en ese momento no tenga trabajo; lo cierto es que confiaba aguantar este año entero en una negocio familiar muy rentable, en el que lleva 9 años.
Se va a la calle sin un duro, no les pertenece indenminación, ni a ella ni a la compañera que lleva 40 años trabajando para esa familia.

La semana pasada terminó mi etapa de un año trabajando como externa, para una gran empresa, de los 5 externos, dos fueron reubicados en la compañía que ha comprado a la empresa, dos son despedidos y yo, vuelvo a la empresa que me paga, empeorando sueldo y horario, perdiendo incentivos económicos, empeorando el trato que me van a dar y volviendo a un mecanismo de trabajo absolutamente esclavista.
Pero no me puedo quejar, por que tengo trabajo.

Antes de los recortes de este gobierno, ya existían muchos sectores que trabajaban en condiciones que daban verguenza, a disposición total de la empresa, con sueldos ridículos, en una sucesión contínua de contratos hasta fin de obra que terminaban con el despido cuando tocaba hacerlos indefinidos tras haber encadenado hasta tres años de contratos rotando por empresas de la misma empresa.
Antes ya existía una gran masa de trabajadores explotados hasta lo imposible, sin estabilidad laboral ni económica ninguna.
Lo que pasa es que antes, sólo les pasaba a muchos; lo que viene ahora, es que nos pase a todos.

Pero mientras en la tele pongan fútbol y programas de despelleje y nuestras series preferidas, nos seguirá pareciendo, que en verdad, el mundo no está tan mal.
Debe de ser así, por que sino, las calles hace meses que estarían llenas de ciudadanos indignados en una huelga salvaje sin final.

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