Habitualmente yo soy la difícil de contentar en cuestión de cine, aunque a veces e incomprensiblemente me apasionan películas que sé que distan mucho de ser buenas, como yo considero buena una película.
Y me gustó aun siendo consciente que el argumento es igual de complejo que el mecanismo de un botijo y que la trama es tan previsible que podría adjudicarme yo misma la autoría del guión.
Le decía a mi medio pomelo, que las películas con las que más sufro son las infantiles.
Si voy a ver una peli de guerra, o una peli sobre una historia muy dura, voy preparada emocionalmente.
Si voy a ver una peli infantil, no, por qué es infantil y se supone que está exenta de dolor.
Y si lo hay me pilla con las defensas bajadas y me hace sufrir y llorar el triple que la película más dura del mundo.
Supongo que con Avatar pasó algo parecido, yo fui a ver una peli fantástica y la parte bélica, violenta e incomprensible, me pilló desprotegida.
Dice mi medio pomelo, si ya sabes que va a pasar,¿ como te puede afectar?
Y es difícil de explicar pero para mi el cine, o un libro, tiene la capacidad de trasladarme a una dimensión donde está pasando de verdad lo que me enseñan, si lo veo y lo siento, entonces existe y cuando establezco esta conexión emocional, ya no es la película que estoy viendo de manera unidimensional lo que está sucediendo, lo que veo se une a mis emociones, a mis vivencias, a mis recuerdos y si veo una escena de aniquilación, ya no es sólo esa escena de aniquilación la que veo, la que siento, son todas las que vi antes, todas las que sentí antes, no es una guerra, son cientos de ellas.
Por que el cine no es solo lo que estoy viendo, es también todo lo que soy en relación a lo que estoy viendo.
Avatar no tiene un gran argumento, pero es de una belleza y perfección estética que quita el aliento, tanto que en alguna escena se me llegó a escapar algún gemido ahogado de impresión, por que la belleza también puede ser difícil de digerir si es demasiada.
Avatar explica una historia arquetipica dentro de nuestra historia; un pueblo de otro color tiene algo muy valioso que el hombre blanco quiere y para conseguirlo se destruirá el entorno natural y extraordinario en el que viven y hasta se les destruirá a ellos si es necesario.
Es una historia básica donde los buenos lo serán hasta que decidan responder con violencia y los malos lo serán hasta que se les hable en su mismo idioma, la violencia.
No es un gran guión, pero de repente me resultó insoportable ver una vez más como el dinero es nuestro Dios.
Pandora no existe, pero no hace falta irse tan lejos, en nuestro planeta Tierra se sigue arrasando cualquier zona que sea susceptible de aportar dinero al primer mundo, da lo mismo el coste ecológico que tenga.
En nuestro planeta, los países pobres están en guerra a favor o en contra de intereses creados por el pirmer mundo, todo, por un puñado de monedas.
En nuestro mundo, la vida sigue teniendo el menor valor posible.
Así que no, Pandora no existe, por qué Pandora somos nosotros.
Y en Pandora, ganan los buenos, al menos de momento, pero aquí..., aquí perdemos todos.
*Más allá de mi crisis de fe en la humanidad, es una película que recomiendo encarecidamente, aunque sólo sea por el precioso envoltorio que tiene.
Yo la vi en 3D, y eso que para mi el 3D es un sacrificio, no me sienta bien, pero ha sido la cosa más alucinante que he visto en años.
Después de verla, os prometo que querréis ir a vivir a Pandora.