Este año ha sido horrible de cabo a rabo.
Cuando terminaba 2008 me dije, el próximo tiene que ser mejor.
Pero ni caso oiga, así que cuando terminó 2009, me dije, 2010 no puede ser peor.
Lo malo de esto, es que siempre puede ser peor.
2010 ha sido, probablemente, el peor año de mi vida.
Hemos convivido con unas obras extremas y estresantes durante 8 meses de este año, mientras tanto, llegó mi tan esperado cambio de trabajo que resultó ser una experiencia inmersa en otras que lo complicaron todo.
Hemos tratado de ser padres por dos veces y ha salido mal con unos costes emocionales tremendos.
Para mi además, los físicos, la entrada en quirófano por dos veces, el proceso doloroso y complicado que significa todo ello, llevándome a padecer durante casi 15 días, unos dolores insoportables que acabaron de doblegar lo poco que quedaba ya de mi.
Y toda esta situación llega justo habiendo cambiado de trabajo, lo que hace que esté a punto de perder lo que me ha costado conseguir más de dos años.
A las obras, el cambio de trabajo, y los embarazos, se une el chantaje laboral de la empresa de mi chico, que lo tiene un mes en Alemania, lo que pocos meses después, no sólo no le recompensa, sino que le cuesta económicamente un precio, ya que con la ley en la mano pueden despojarle de un complemento salarial y lo hacen.
Mi abuelo entra en su fase final de deterioramiento y pasa de ser un hombre muy mayor y cansado y enfermo, a experimentar los primeros indicios de una demencia senil.
No sabe dónde está, quién es, quienes somos.
Mi madre, su cuidadora las 24 horas del día, empeora emocionalmente y anímicamente con el proceso de destrcucción de mi abuelo, lo que lleva sus relaciones con sus hijos a un punto límite.
Mi padre, con el que no tengo contacto desde hace más de 10 años, trata de entrar nuevamente en mi vida.
Está tan deteriorado y el impacto emocional de su llamada es tan grande que me lleva muchos días asumirlo y tengo uno de los peores ataques de ansiedad de los muchos que he sufrido este año.
Mi hermano harto de trabajar para una empresa que no le paga se arriesga y se marcha a otra. En la primera semana de trabajo lo embiste un coche y se lesiona la espalda; la visita al hospital y el posterior día de recuperación le cuestan el trabajo.
Se queda en paro con dos niños pequeños, siendo el suyo el único sueldo que entraba en casa.
Está tan desesperado que no come, no duerme y se le cae el pelo el doble.
Mi amiga B, inmersa en un proceso kafkiano con la administración pública llega a cotas mínimas personales debido a la situación familiar que atraviesa y el trato inhumano, contradictorio e injusto del sistema.
Absolutamente todo se derrumba en su vida y nisiquiera sabe cuando va a acabar esta pesadilla.
Mi amiga C. tiene una complicación de riñón que desencadena un proceso que la lleva a las puertas de la muerte en unas pocas horas.
Pasa una semana ingresada donde su planteamiento vital da un giro de 360º.
Muere el padre de mi medio pomelo, tras seis meses de cáncer, justo después de haber vivido una recuperación impresionante.
Además de la enfermedad y el posterior duelo, se origina una situación familiar altamente tóxica que se lleva a todos por delante y no sólo abre, sino que desgarra heridas pasadas y muy profundas.
Las posteriores semanas a su muerte se viven situaciones extremas casi a diario.
Mi relación con mi medio pomelo sufre una crisis muy profunda, fruto de las complicadas situaciones emocionales que atravesamos ambos, cosa que termina por mermar las pocas energías que nos quedan.
Este año he recordado lo que es estar jodido de verdad.
Este año he recordado lo que es no tener el apoyo necesario de las personas que más necesitas que te apoyen.
Este año he temido por los míos como nunca.
Este año, he dudado de absolutamente todo y he temido que no fuéramos capaces de remontar.
Este año he creído que me ganaba, que me superaba, que me aniquilaba.
He creído perderlo todo y a todos; he creído perderme a mi.
Pero este año, hemos llevado nuestra fortaleza al límite y hemos sobrevivido.
Hemos peleado, gritado, dado portazos y todas y cada una de las veces ha habido un después para sentarnos y hablar y tratar por todos los medios, arreglar las cosas.
Este año, cuando no tuve al apoyo de quién yo quería, ahí estuvieron esas otras personas, que me arroparon, me escucharon, y me reconfortaron.
Este año, no me han dejado sola, y no importa quien fuera o quien no fuera, por que siempre hubo alguien ahí.
Este año he aprendido, que no importa cuando fallas o como, lo que importa es que quieras volver a intentarlo.
Hoy empieza un nuevo año y ¿sabéis?, seguimos aquí.