Dos meses y tres días
miércoles, 24 de abril de 2013
Fabricantes que temen que el producto escape de sus envases
lunes, 7 de noviembre de 2011
Mini Hulka parte III
lunes, 28 de marzo de 2011
Mini Hulka parte II
lunes, 28 de febrero de 2011
La hora del cole la compartíamos los más peques con los no tan peques, con lo que se daban situaciones de abusones la mar de típicas.
Un día, venía corriendo el abusón asqueroso este que me tenía frita, cuando me dije:
Mini Hulka parte I
lunes, 14 de febrero de 2011
Cosas que me tocan los ovarios 6
miércoles, 22 de diciembre de 2010
¡Si quieres sacar fotos, llévate la cámara, que lo del móvil es una cutrada!
Desde ya pido perdón por si alguno de vosotros, queridos lectores, tenéis esta horrible costumbre que me enerva y me saca de mí misma.
Otro día os dejo que me insultéis a cambio.
*Queda excento del cutrerío sacar fotos con la cámara del móvil en un concierto donde no te dejan entrar con la cámara.
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The Cure, Pictures of you
Cosas que me tocan los ovarios 3
miércoles, 25 de agosto de 2010
Es una cosa que me irrita sobremanera y además, es una cosa que me pasa todos los días desde que me bajo donde me bajo.
Llega el metro, se para el metro, le das para abrir las puertas, vas a salir, y una caterva de desconsiderados pretenden subir todos a la vez, antes de que tú bajes.
El resultado es casi siempre el mismo, que de buena mañana me cago en todo y tengo que bajar del vagón practicando placajes de rugby, esto es, agarrando bien mis cosas, echando los hombros hacia delante, metiendo el resto de mi anatomía hacia dentro y abriéndome paso a golpe puro y duro.
Lo malo de todo esto, es que ya te han puesto de mala leche y te dices, ya que me obligan, voy y me los llevo a todos por delante, pero por desgracia la gente se pone en medio lo suficiente como para que le des un golpecillo con el hombro, pero no tanto como para que lo derribes, que llegado ese punto, es lo que realmente te apetece hacer, eso, y que una vez en el suelo la caterva lo pise mientras sube al vagon en estampida.
Cualquier día de estos voy a ir a trabajar con unas hombreras y coderas llenas de pichos, a ver que pasa.
Correos responde
lunes, 18 de enero de 2010
El caso es que la única vez que he formulado una queja contra ellos fue hace algún tiempo, por qué los sábados que repartían correo lo pasaban sistemáticamente por debajo de la puerta de la escalera y las cartas quedaban hechas puré, nos cansamos e hicimos una queja.
Lo que pasó es que en un par de semanas se presentó un empleado de correos en casa, cosa que nos dejó estupefactos, para saber que había pasado y se lo contamos.
Nos explicó que los sábados repartían suplentes así que la queja no podía ir dirigida al cartero habitual y prometió que tomarían medidas.
Y es cierto, nunca más nos pasaron las cartas por debajo de la puerta.
El sábado siguiente el cartero nos dejó un papel pegado en los buzones que decía que ante la imposibilidad de depositar el correo en los buzones pasáramos a recogerlo por la oficina de correos de nuestra zona.
Así estuvimos un mes, hasta que se le pasó el cabreo y volvió a dejar las cartas en el buzón o fue sustituído.
Ni que decir que fue una represalia, por qué ese sábado nadie llamó al timbre y estuvimos toda la mañana en casa.
Así que visto lo visto y valorando en muy poco las soluciones de correos, he tardado un poco en volver a poner una queja-queja.
Y es que hace un mes, me personé en correos a las 5.30 de la tarde para mandar 5 paquetes a distintos puntos de la península y tuve que esperar alrededor de una hora para que me atendieran.
Entretanto, uno de los funcionarios tuvo una bronca con una usuaria, por qué según él le estaba entreteniendo y había mucha cola, la usuaria, que estaba realizando su gestión pues había llegado su turno, estalló y la tuvieron.
El mismo funcionario, con la misma cola y la misma supuesta prisa, estuvo unos diez minutos de cháchara con otra usuaria que debió caerle en gracia y aquí no ha pasado nada.
Así que me fui a la página de correos y formulé una reclamación por el tiempo de espera y por el hecho de que encima que tienes que esperar si te quejas la persona que te atiende lejos de disculparse se te pone chula.
Y he de decirte Daisy, que correos responde.
En un par de semanas me mandaron una carta (curioso si tenemos en cuenta que la reclamación se hace por mail) donde me explicaban lo que ya sé, que el personal de cada oficina de correos depende del volumen de trabajo que tienen y que por ello hay momentos en los que hay mucho trabajo y poco empleado.
Lo que querían decir es, esta oficina es pequeña y para tres horas que hay colas no vamos a poner más personal que luego están el resto del día tocándose los huevos.
Por eso, es mejor que a partir de las 5 de la tarde estén ustedes esperando una hora para mandar un paquetito de nada.
O sea, que yo estoy a su servicio y no ellos al mío.
Eso sí, me prometían que en vista de las fechas en las que estábamos y ante mi queja, iban a proceder a restrecturar el volumen de personal de todas las oficinas en general.
Que traducido significa que van a contratar a unos cuantos suplentes que tardarán el triple de tiempo que tarda un empleado formado en hacer cualquier gestión, ya no te cuento lo que tardarán si han de encontrar un paquete recibido, con lo cual habrá una persona más, pero las mismas colas ya que en mi oficina no cabe más personal del que hay, ya que no existe lugar físico para ubicarlos.
Si la oficina es grande por qué es grande y hay mucho volumen de trabajo (y poco personal) y si la oficina es pequeña por que es pequeña (y no necesitan a más personal); el caso, es que correos es un cabreo asegurado en casi cada visita.
A veces me pregunto...(parte I)
miércoles, 13 de enero de 2010
No sé si os he contado que como al fin he comprado el piso, he empezado a hacer obras cual posesa que quiere recuperar el tiempo perdido lo antes posible, así que a la semana de haberlo comprado nos liamos a hacer la instalación eléctrica del mismo, bueno, nosotros no, sino unos electricistas y he de reconocer que por primera vez en mi vida y tras una obra, no puedo quejarme sobre nada del par de electricistas que nos hicieron la instalación maravillosamente bien, rápido, aportando siempre soluciones y pensando en nuestra comodidad.
Y encima eran amables.
Pero cómo estamos hablando de idiotez no me estoy refiriendo a ellos, por descontado, sino a la fase dos de las obras, esto es, instalación de aire acondicionado/aire calentito.
Las obras las dirige una persona que es la que contrata en cada caso al operario adecuado, se consensúa todo con él y es a él a quien rinden cuentas.
Veamos, se planifica la instalación del aire para la semana X, pero finalmente no pueden hacerlo y pretenden empezar un sábado de una semana después para que no se note tanto. Se les dice que no, que empiecen el lunes de la siguiente que total ya no viene de un par de días.
Previamente al día que se inician las obras, se reúnen en mi casa instalador y persona al mando, hablan entre ellos y con los electricistas y acuerdan hacer una serie de agujeros para aprovechar ambos al máximo las rutas por dónde pasan cables de todo tipo.
Se pacta que los aparatos del aire, los que se ponen fuera, vayan a la derecha de la puerta con tal que no invadan el espacio donde va a ir el invernadero; todo claro, ¿no?
Finalmente empiezan un martes, nos aseguran que les va a llevar sólo un par de días hacerlo todo.
El lunes por la noche procedemos a tapar lo más delicado con algunos plásticos que sobraron de cuando hicieron la instalación los electricistas, pero no llega para taparlo todo y nosotros, ingenuos, pensamos que éstos iban a proceder como los otros, o sea, tapar todo el material sensible antes de liarse a hacer polvo con la radial como locos.
Primer error, creer que son ellos los que deben traer plástico y tapar algo, por qué no señor, ellos llegan y se ponen con la radial y no sólo no tapan nada sino que si debajo de donde se lían a cortar está el cesto con la ropa limpia para doblar ni lo apartan ni nada, hala.
Esa tarde cuando llegué a mi casa casi me da un síncope, la habitación llena de polvo, la cama, la ropa, todos los objetos de encima de los muebles, todo, enterrado en polvo.
Me cago en toda su parentela y limpiamos.
Para el día siguiente no hace falta tapar nada, por que ya han hecho las regatas y sólo queda sacar los tubos fuera y poner las máquinas en la pared de la terraza; aún así guardo todo y tapo todo lo que se pueda ensuciar y por si acaso quito el espejo de la pared, no sea que se lo lleven por delante con la radial con tal de no sacarlo.
Llega el día dos, supuestamente han acabado, nada mas llegar a mi casa salgo a ver donde han puesto las máquinas.
Pues de tres que había que poner a la derecha sólo hay una, las otras dos están bien metidas en la parte en la que irá el invernadero.
Monto en cólera y llamo a la persona que se encarga y le explico lo sucedido, me dice que ahora mismo llama al instalador a ver que ha pasado.
Pasado un rato el instalador llama a mi chico y le cuenta que ha habido un problema de comunicación, que él entendió a la derecha saliendo y no a la derecha una vez fuera y mirando la pared de cara.
Claro, es comprensible, el día que quedó con la persona que está al cargo de todo y salieron fuera y le dijo dónde iban, debió sufrir un ataque de dislexia, lo que justificaría que no diferencie izquierda de derecha.
Es más, el día en que salió con mi chico a la terraza y le señaló donde iban las máquinas debió sufrir una posesión y no era él el que le señalaba el lugar exacto dónde debían ir, sino una entidad malévola que tomó su cuerpo prestado un rato.
Eso explicaría por qué unos días sí sabía donde van y el día de la instalación no; se llama problemas de comunicación.
Pero aparte de este dato trascendental al ir al baño descubrí que habían hecho el agujero del desague sin quitar la báscula de debajo.
Lo gracioso del caso es que a poco más atraviesan la báscula para hacerlo y no tuvieron los santos cojones de apartarla para que no quedase enterrada en polvo, o visto desde su perspectiva, para que no les molestase.
¿Y cómo creéis que acabó la cosa?
¿Dejamos las máquinas dónde no tocaba?, ¿sufrí un ataque de ira y me convertí en Hulka y le arranqué la cabeza a alguien?, ¿quitamos las máquinas de la pared a pedradas?
Lo sabréis el próximo día.
Música hasta en la sopa
miércoles, 2 de diciembre de 2009
El otro día me entretuve en contar los sitios en los que puedo escuchar música a la fuerza siguiendo mi rutina más o menos habitual y encontré qué:
1-El primer sitio en mi jornada habitual donde la música me asalta es en el metro, en este caso, no se trata de un hilo musical, sino el sistema de teles maravilloso que hay en la red de metros de mi ciudad, dónde ponen anuncios, minireportajes y cuñas de TMB, la mitad de esas cosas, lleva música incorporada, a veces a un volumen insoportable.
2-En el vagón del metro, si llevas pegado a alguien que lleva el mp3, o 4 o 1266, a toda castaña, tan alto lo lleva que hasta logras entender la letra de las canciones
3-En el vagón del metro, hay algún desgraciado que se pone la música del móvil, pero sin auriculares para que el resto del vagón, la pueda compartir, de buen rollito, tempranito, por la mañana, es una de esas personas generosas por naturaleza.
4-En los pasillos del metro, dónde se hallan esos individuos que se hacen llamar músicos.
Algunos lo son, pocos y otros sólo sirven para castigar oídos e instrumentos, a esos les pegaría una patada a la sillita que los sostienen a ver si con el culo en el suelo ven el mundo desde otra perspectiva y se dedican a otra cosa menos molesta.
5-En el hall y ascensor de mi empresa, nada más llegar, el hilo musical te asalta a un volumen moderado, pero siempre presente, te sigue en el ascensor, cuando sales de él, hasta llegar al interior de la oficina en la que trabajo.
6-Los móviles de los compañeros, que suenan y suenan sin ser atendidos, a toda pastilla, con la última y estridente canción de moda, cuanto más estridente, mucho mejor, no vaya a ser que el último pasillo no oiga la cancioncilla de las narices.
7-Por la tarde,de vez en cuando, aparte de todo el surtido musical del metro ya relatado antes, está la versión del músico que se mete en el vagón que no se conforma con tocar en los pasillos o que bien no tiene permiso para hacerlo y decide que el vagón es el mejor sitio dónde mostrar su talento guitarrístico, acordeonístico, vilonístico, mandolinístico, flautístico, o cualquier ístico que se nos ocurra.
Normalmente, es un castigo divino a secas, pero con el ruido del metro de fondo, más.
8-Los músicos en la calle, que son tan célebres en Barcelona, a pesar de que la normativa al respecto se ha ido endureciendo, es usual encontrar a músicos tocando en la calle, cómo en el caso del metro, unos lo hacen bien y otros hacen ruido, suelen tener equipos más potentes que los del metro, así que ser vecino es una zona con un músico que hace ruido, debe ser la repera.
9-Ay de ti sin vas a comprarte una prenda de ropa y eliges una de esas tiendas multinacionales que hay en todas las ciudades...
Entras en la tienda y sólo faltan las bolas de la discoteca, por qué tanto el tipo de música, cómo sobre todo, el volumen de la misma lo hace creer, las dependientas, se gritan entre si para entenderse y si quieres preguntarles algo, tendrás que armarte de valor y gritar bien alto para que te oigan.
10-La música de tu vecino cuando llegas a casa y decide ponerla a toda leche, por lo mismo de antes, le gusta compartir.
Hay una leyenda urbana que dice que si llamas a la policia viene y les obligan a bajarla, pero yo no puedo dar fe de ello, puesto que nunca presencié tal acto, ni conozco a nadie que lo hiciese.
Y por último, una que no es diaria, pero más habitual de lo que me gustaría:
11-Los conciertos en la calle, son esos eventos que se organizan por algún motivo, yo nunca me entero muy bien de cual, que se pagan con tus impuestos y que no te dejan dormir hasta altas horas de la noche.
En este caso, no hay ni derecho a pataleo, sólo hay que cerrar todo a cal y canto y rezar por qué terminen pronto.
Y menos mal que me gusta la música, por que sino, estaría frita...
Mil disculpas
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Tras 9 años disfrutando plenamente de un piso que compramos con todo la ilusión del mundo se impuso el hecho impepinable de que necesitábamos otro piso que tuviese una habitación más.
Además, estaba mi deseo de tener una terraza donde dar rienda suelta a mi encorsetado hoobie hasta el momento, por falta de espacio al aire libre.
Así que una vez tomada la decisión, pusimos nuestro piso a la venta y empezamos a buscar uno nuevo.
Todo el mundo nos decía que esperásemos, que los pisos no se vendían, que era el peor momento, en pocas palabras, que no íbamos a vender el piso en la vida, vamos.
Por otra parte, nuestra búsqueda estaba muy condicionada por unas características extremadamente concretas, lo cual no nos facilitaba precisamente la tarea.
Nuestro sueño era vender y comprar al mismo tiempo, lo cual era poco menos que un sueño imposible, pero seguro que es el que tenemos todos cuando nos embarcamos en una compra/ venta.
Y a pesar de todo, resultó que en el mes de marzo se dio la feliz coincidencia, teníamos un comprador y habíamos encontrado un piso; finalmente, resultó que tras hacer papeles y más papeles, la compra se haría antes que la venta, asumiendo una hipoteca puente que un banco nos daba.
-Intento de compra nº 1:
Llegó el momento de la compra, sentados en el despacho del gestor que llevaba nuestra compra tratando de que nos hiciesen llegar la oferta vinculante, que no llega, y no llegará nunca por qué además de no mandarla, el banco en cuestión no tenía fondos para realizar la operación, es fuerte, pero es así, vuélvete a tu casa, pierde el día que has pedido de fiesta, llama a tu empresa y pide el día siguiente, por qué al día siguiente se programa la nueva firma.
¿Porqué un banco que tiene agendada una compra venta no tiene fondos a las 12 del mediodía para afrontar esa operación?
No digo que a las 12 tenga fondos millonarios por que a mi me de la gana, pero sí, que ya que programan una operación, tengan dinero para respaldarla, o ¿acaso lo que pido es una tontería?
Intento de compra nº 2:
Al día siguiente, todos sentaditos en la mesa de la notaría y en estas que el señor notario nos dice eso de:
-Este piso no se puede vender, hay un conflicto de intereses.
Ni os cuento la cara que se te queda en esos casos.
Aquí las cagadas se acumulan.
Este piso que quiere ser vendido por una inmobiliaria, la cual dispone de un gabinete de asesores que se miran con lupa, o eso deberían hacer, todas las ventas y más cuando hay una herencia de por medio, con un heredero declarado incapacitado, parece que haya caído del cielo y haya llegado a la notaría directamente.
Lo peor de todo, es que este piso que no se podía vender pasó dos filtros, el del asesor de la inmobiliaria y el de la notaría, que cuando llegó a sus manos consideró que era apto para vender, aunque unas semanas más tarde, consideró que no, todo por el mismo módico precio.
Es decir, que la notaría nisiquiera tiene un criterio uniforme sobre qué es vendible o qué no lo es.
En estos casos, ¿qué se hace?, pues se le pasa la patata caliente al de arriba, es decir, se le manda la consulta al señor registrador y él decide si sí o si no. Esta gestión, por descontado, es lenta, lenta, lenta.
Bueno, pues se espera, ¿no? sí, pero ¿dónde? por qué a todo esto, nosotros a principios de abril vendemos nuestro piso, ¿qué se supone que hemos de hacer?
Tras sopesar la situación se decide que los futuros compradores del piso, nosotros, podremos vivir en el piso a comprar mientras todo se soluciona.
Hala, múdate a un piso que no sabes si podrás comprar o quédate en la calle, mmmm, vale, nos mudamos.
En estas, el señor del registro estipula que NO hay conflicto de intereses, así que podemos firmar, pero, por que hay un pero, entretanto, el banco que nos ofrecía la hipoteca puente de mil amores se retira discretamente, o lo que es lo mismo, dice que si un poder judicial no nos facilita la hipoteca.
Y todo esto, ¿por qué?, pues por que el banco, en vista de la escabechina se decide a investigar un poco y descubre que la persona incapacitada justo antes de heredar tenía un abogado que le llevaba sus gestiones. Este señor, al renunciar a su gestión sobre el vendedor, traspasa a la hermana del incapacitado todos los temas legales y le indica que si quiere vender, deberá solicitar un poder judicial, gestión que como es obvio nunca se realizó, y claro, con esta información el banco estipula que la gestión no está bien hecha y decide no arriegarse.
Pero, ¿a qué se arriega el banco?, pues resulta que la ley dice que si compramos el piso sin un poder judicial y el día de mañana le vendedora se desentiende del heredero incapacitado del que se ha hecho cargo y lo echa a la calle, éste puede reclamar el piso, y un juez puede dictaminar que ese piso es suyo al no haber poder judicial lo que nos dejaría a nosotros en la calle y con una hipoteca que pagar. ¿Divertido, no?
Claro, que la parte vendedora jura y rejura que eso no pasaría nunca y de pasar es imposible que un juez nos quite el piso; imposible que pase con una ley que lo posibilita, una cuestión de mala suerte, vaya, de muy mala suerte.
Pues nada, pide el dichoso poder judicial, la gestión se incia el mes de abril y se completa en mes de octubre. Menos mal que tenemos donde vivir, por que 6 meses no pasan rápido precisamente.
Y llega octubre y por fin, con todos los papeles necesarios se programa una nueva firma.
-Intento de compra nº 3:
Sentados a la mesa de otra notaría, por que a todo esto, se ha cambiado de banco y por lo tanto, de notaría, después de 6 largos meses y con los nervios de punta, esperamos pacientemente a que llegue el notario, a todo esto, llega el gestor del banco y dice:
-Hay un problema- y pasa a explicarnos que no se han liquidado los impuestos que se derivan del hecho de haber vendido una herencia antes de los 5 años que estipula la ley. La otra opción es que este importe se retenga de la venta, pero no, a la persona encargada del banco no le da la real gana.
Teniendo en cuenta que han dispuesto de más de tres meses para mirarse los papeles, es bastante inexplicable como se dan cuenta de este dato unos 10 minutos antes de la firma. Aunque lo mejor estaba por llegar, ya que el vendedor al revisar los papeles descubre que le falta la cédula de habitabilidad, documento sin el cual, no se puede firmar.
Es decir, que tras 6 meses de esperar, nadie se ha mirado los papeles de la venta y ha corroborado que no falta nada.
Total, que todos a casa, por que hoy tampoco se firma.
-Intento de compra nº 4:
Si el tercer intento fue un viernes, el cuarto fue el lunes siguiente.
Ni que decir que no teníamos nada claro que lo fuésemos a conseguir, pero al final, se obró el milagro y firmamos.
El caso, es que con tantas meteduras de pata, uno puede imaginarse que al menos nos pedirían miles de disculpas y todos los integrantes de la maquinaria de la cagada tras cagada se encontraban muy compungidos por su escasa profesionalidad; pues no.
Sólo en la tercera firma, el vendedor nos pidió disculpas por su mala gestión; del resto de errores que nos ha tenido alrededor de 7 meses en danza, nadie se ha responsabilizado, nadie ha sentido la necesidad de pedirnos disculpas, o darnos alguna explicación de por qué las cosas se habían hecho mal; nada. Todos y cada uno de ellos, debió pensar que la responsabilidad era de otro y que él o ella, como representante de su empresa, no tenía por que pedirnos disculpas, a nosotros, que hemos pasado más de seis meses esperando y esperando, que hemos pasado 6 meses viviendo en una casa que en absoluto es una casa adecuada para vivir con comodidad, sorteando los problemas que da una casa como la nuestra, con ingenio y paciencia, sin poder tocar ni una baldosa, encontrándonos con cosas tan agradables como que se dé de baja el teléfono, a pesar de haber acordado que no se daría de baja, o una notificación de corte de la luz, ambas cosas, por que a pesar de haberse acordado que los recibos se le pagarían a la vendedora, la persona encargada de coordinar estos hechos, entendió otra cosa.
Y después de todo esto, nadie se siente ni con la profesionalidad, ni con la decencia, de pedirnos ni una disculpa, salvo en el caso ya comentado.
Yo trabajo cara al público, he trabajado muchos años cara al público y por cosas mucho más pequeñas, me he hartado de pedir disculpas, cada día tengo que hacerlo y doy la cara por las cagadas, que son muchas, de la empresa para la que trabajo, por que para el cliente, YO soy la empresa.
¿Porqué si yo soy mi empresa, ellos creen que no son la suya? a mi no me gusta pedir disculpas por algo en lo que yo, ni pincho ni corto, ni por que la empresa que me contrata, trabaje mal y sepa que los que lo pagamos somos los que estamos cara al cliente, día tras día y le importe un pito, pero lo hago por que considero que es mi trabajo y que la percepción del cliente es y debe ser, que yo soy la empresa cuando hablo con él.
La falta de profesionalidad en este tema me asquea y me cabrea, desde el empleado del banco tras la ventanilla que cuando te has quedado en bragas por una mala gestión de su entidad se encoje de hombros e incluso se enfada ante tu queja, a la cajera de supermercado que te atiende hablando con otra persona y ni te dice el total de la cuenta, incapaz de mirarte a la cara cuando le das el dinero y más me cabrea cuando yo, como clienta soporto lo que no le hago soportar a los clientes que tratan conmigo como profesional.
En un mundo donde cada día las grandes empresas son más grandes y dicen ser más fiables precisamente por eso, por ser tan grandes, precisamente, en ese mundo, los profesionales son sólo asalariados sin conciencia de lo que representan y de la responsabilidad que tienen; y estoy hasta las narices de ello.
La cajera
jueves, 20 de agosto de 2009
Utiliza el símil de la cajera para explicar como hay personas que aguantan, aguantan, aguantan, cómo una cajera de supermercado que es la persona en la que se concentran todas las quejas, reclamaciones y malas leches en general, del usuario, y cómo finalmente estalla, se sube al campanario de su pueblo armada con una escopeta y empieza a disparar indiscriminadamente.
Más o menos, o eso me gustaría creer, todos nos vemos lejos del patrón de la cajera, que se ve sometida a presión y violencia verbal y un día deja de controlarse, pasa al otro lado y se convierte en agresor, largamente agredido.
Todos queremos pensar, que en caso extremo, el campanario y la escopeta, no es una opción para nosotros, la violencia, aunque no sea liarse a escopetazos, nos queda lejos.
Pero, ¿qué pasa cuando uno está tan harto, se siente tan quemado, tantas veces pisoteado, estafado, engañado, que empieza a entender, e incluso a simpatizar con la cajera homicida?
En Un día de furia, el hilo argumental gira en torno a esa idea, cómo una persona "normal", sometida a la presión de la vida en la gran ciudad, el trabajo, la familia, una vez ha perdido el trabajo, pierde por completo los estribos y se convierte en un perturbado, o mejor dicho, un perturbado que pasa a la acción, por qué ¿quién podría asegurar que no estaba ya perturbado?
En España las armas no son habituales, cómo en EUA, pero cada día veo más claro, que una población estresada, es una población inestable, y una población inestable y armada es una combinación pésima.
Vivimos en un mundo, dónde residir en una gran urbe es lo más y residir en una gran urbe, significa tener una determinada vivienda urbana o bien tener una vivienda no urbana pero dónde Cristo perdió la sandalia, utilizar transporte público, una de las fuentes de cabreo más fiables de cualquier urbe mundial, o bien coger el coche, con lo cual, el cabreo está también garantizado, comprar en grandes comercios dónde hay aglomeraciones y un largo etcétera, que no se puede decir que nos resulte balsámico para los nervios en general.
Además de todo ello, están los problemas de convivencia con gentes de otros países, la delincuencia, el atropello indiscriminado de las administraciones públicas contra los ciudadanos, la impunidad de las grandes empresas contra los consumidores,las injusticias laborales a las que la mayoría de personas están sometida y aún y así, somos buenas personas y nos levantamos cada mañana, y reproducimos día a día, todas esas rutinas que constituyen nuestras vidas.
Sin embargo hay días que la ira es tan intensa, la hartura tan grande, la injusticia tan obscena, que uno se siente con ganas de convertirse en la cajera, no hace falta tener escopeta, sólo empezar a gritar, a exigir, a imponerse, para que dejen de tomarte el pelo en el trabajo que te pagan lo mismo y te piden que trabajes por tres con la excusa de que sabes más, eres más bueno, que ni siquiera te den las gracias y te traten como si ellos te hicieran un favor a ti y no al revés, en el trasporte público, que en agosto ha decidido que puede pasar con la frecuencia que les salga de los huevos y no tienen que dar ninguna explicación a nadie, en la administración pública, que reducen personal y horarios y si tienes que hacer alguna gestión, ya te pillarás un día de fiesta, total, ya sabemos que es el ciudadano el que está a su servicio y no ellos al tuyo, las grandes empresas, que facturan/cobran lo que quieren, no dan el servicio prometido y si les dejas de pagar, o sea, tratas de impedir que te roben más, te meten en el asnef, y no hay manera de que alguien les haga cumplir las leyes, etc, etc, etc .
El ser humano debe de ser muy resistente para que no haya una cajera subida a cada campanario de cada pueblo...
Nexus funcionario
miércoles, 1 de julio de 2009
Cómo estoy tan harta, monté en cólera y reconozco que hubiese sacado de detrás del mostrador a la funcionaria inepta que con una sonrisa, me decía que era la mar de normal que las cosas vayan tan mal, a pesar de que tenía que estar viendo cómo me iba cambiando la expresión facial hasta llegar al punto de poner cara de psicopata.
Ya el lunes, descubrí un fenómeno extraño justo al lado de la funcionaria todovacómoelculoperosoyfeliz, algo que las otras veces que había ido había visto, pero no había apreciado en su justa medida.
Al lado de la susodicha, estaba su compañera, que ni parpadeó ante la ristra de improperios que salieron por mi boca (no contra la funcionaria todovacómoelculoperosoyfeliz, sino contra Correos), se limitó a girar lentamente el cuello hacia ella, escuchó, volvió a girar el cuello, y continuó con lo suyo.
No, sino pasa nada, no es que sea raro en si mismo, pero había algo allí que me dio que pensar.
Y fue ayer, cuando volví a recoger el paquete que por tardanza podría venir del Congo, aunque sólo venía de Cantabria, cuando al entrar en la oficina, vi a la funcionaria tranquila, sentada en su sitio, mirando al vacío infinito, sin inmutarse fuese lo que fuese lo que entrase en su campo visual, expresión que no cambió cuando me acerqué, y que tampoco cambió cuando estuve justo delante, puesto que seguía mirando al infinito a través de mi cuerpo.
Entonces yo dije:
-Buenas tardes- y ella, de repente, fijando sus ojos en mi, dijo,
-Buenas tardes
-Vengo a buscar un paquete-y entregué el aviso, ella lo cogió y dijo,
-El Dni por favor-Dni que ya estaba encima del mostrador, pero da igual, ella, todas las veces que vayas, lo pide aunque ya se lo estés dando, cómo parte inamovible del repertorio de frases programadas, lo miró, se levantó, encontró el paquete en unos 10 segundos, volvió con el, lo pasó por el escaner y dijo,
-Firme aquí- yo firmé, y ella dijo, cómo todas las veces que he ido hasta ahora,
-Aquí tiene su paquete
-Gracias
-Gracias a usted- todo ello sin el menor asomo de emoción humana en la voz.
Cuando me iba, no pude evitar girarme, ya a una distancia prudencial y la descubrí mirando de nuevo, al frente, al infinito y caí en la cuenta de que esa falta de emoción, de reacción ante un compañero con un cliente cabreado de narices, esa lentitud de movimientos en la nuca y sobretodo, esa rapidez sobrehumana en encontrar un paquete que su compañera normalmente tarda unos 5 minutos en encontrar (si hay suerte), sólo podía significar que aquella funcionaria era algún tipo de nexus, comprado por el Estado para paliar el despipote de Correos.
Sí, eso lo justificaba todo, no sé exactamente el modelo que será, desde luego, está claro que se activa mediante la voz, aunque la empatía es un poco rudimentaria, todo hay que decirlo.
¡Ya ha llegado el nuevo modelo del Nexus funcionario!
Susto
miércoles, 20 de mayo de 2009
Cuando las puertas se abrieron, el niño, de unos 5 años, empezó a llorar estrepitosamente, a todo pulmón.
Lloraba desconsoladamente, por más que la madre intentaba calmarlo, lloraba y lloraba mientras todo el vagón, los miraba con curiosidad.
El padre también intentó calmarlo, pero no había manera.
Finalmente, la madre, tras tratar de calmarlo de todas las maneras, le preguntó:
-¿Pero por qué lloras?
El pequeño, sacudido por el llanto, respondió entrecortadamente,
-Por qué me he asustado- y siguió llorando.
La madre, pensando que una vez localizado el problema, el niño se calmaría esperó unos segundos, pero el niño seguía llorando.
Trató de calmarlo de nuevo, pero no había manera.
Al final, sin entender qué pasaba, le dijo,
-Pero ya está, te has asustado pero no ha pasado nada, ¿por qué lloras ahora?
-Por qué me duele-fue lo que le respondió.
La madre desabrochó al niño del carrito y lo cogió en brazos; inmediatamente dejó de llorar.
Una vez calmado, me quedé pensando en lo que había dicho el niño.
¿En qué momento perdemos nosotros la capacidad de identificar con tanta claridad nuestros miedos y por qué no somos capaces de canalizarlos de una manera tan útil?
Desde pequeños nos enseñan a no llorar, que es el principio de ocultación de nuestros sentimientos, sobre todo de los que nos hacen parecer débiles.
Después de la ocultación, viene la negación.
Y así nos quedamos aislados con nuestros propios miedos, en silencio.
Con lo fácil que sería llorar a pleno pulmón para que alguien viniese, nos abrazase y nos dijese que todo va a salir bien.
Absurdos
miércoles, 1 de abril de 2009
Este es un clásico entre los clásicos, es esa situación idiota que te saca de tus casillas, que todo el mundo comprende pero que cuando reclamas una solución todos se encogen de hombros cómo si la idiotez no puediese ser modificada no vaya a ser que se derrumbe el orden establecido.
Nos acabamos de ver en esta situación, a raíz del trámite de la venta de nuestro piso, una operación que parece interminable y que está llena de sorpresas y sustos varios.
El más importante, nos lo ha dado la escritura, o mejor dicho, la no escritura, la que resulta que no tenemos.
Todo empezó hace casi 10 años, nosotros compramos a una inmobiliaria el piso que ahora tratamos de vender, puesto que la inmobiliaria era propietaria de este piso y gozaban de una buena hipoteca, decidimos subrrogarla, o sea, la inmobiliaria nos vendía el piso y nos quedábamos con la hipoteca que ya había sobre él.
Hasta aquí, una operación de lo más normal.
El día de la firma, se nos proporcionó una escritura, firmamos un montón de papeles y cada mochuelo a su olivo.
Casi 10 años después, al llevar la escritura a la inmobiliaria, descubrimos, que durante todo este tiempo, lo que teníamos era una copia de la escritura, más conocida cómo copia simple y que necesitábamos el original de la escritura.
¿El original de la escrituta? ¿es que este no es el original?
Pues no, resulta que cuando te compras un piso y te dan una escritura, tú que eres profano y no tienes ni idea de nada, piensas que con ese documento ya tienes bastante, pero no es así.
Nosotros lo que tenemos es la escritura junto con la compra/venta que es una variedad de escritura que junta ambas transacciones, pero del original ni rastro.
Ahora bien, ¿necesito el original de mi escritura para vender el piso?
Pues resulta que me dicen que sí, el día de la venta, el notario querrá tener el original para repasarla y dar el visto bueno, o sea, que si me presento con la copia, mi piso no lo vendo.
La siguiente pregunta es, ¿porqué no tengo el original de mi escritura?
Pues no se sabe muy bien, pero hay tres opciones:
1.La notaría mandó nuestra escritura al banco y el banco la tiene en su poder, con lo cual, tienen su propio original, y el nuestro.
2.La notaría tiene esa escritura que nunca mandó al banco.
3.La escritura ha sido pulverizada con una pistola de neutrones y ya no existe.
Pues nada, a investigar que es lo que ha pasado con el original, vemos que la notaría no tiene la escritura, nos comenta que ellos la mandaron al banco, cómo hacen siempre, ahora, si la necesitamos, ellos porel módico precio de 50€ nos hacen una nueva.
En el banco, evidentemente, tampoco tienen la escritura, la nuestra, por qué ellos sí disponen de un original, pero de la nuestra, ni rastro, oiga.
Así que llegados a este punto, sopesamos seriamente la intervención de la pistola de neutrones, sino, ¿qué podría haber pasado?
O mejor aún, si a nosotros nadie nos había hecho llegar esta escritura, ¿quién debía dárnosla de nuevo?
No es descabellado pensar, que llegamos a la conclusión de que el banco, debía ser el organismo que nos facilitara esta copia, y aquí empezó lo surrealista del caso.
Se comenta el caso con una persona encargada de hipotecas y la conclusión a la que llega es la siguiente:
-Te daremos un original de tu escritura cuando hayas vendido el piso, antes no.
Bien, se le explica a esta persona que la venta del piso no se puede llegar a cabo sin el original de la escritura y entonces entramos en el bucle absurdo del que os hablaba al principio.
Cuando vendas te doy la escritura pero no puedo vender si no me das la escritura.
Ante lo ilógico de la situación, todos el mundo acepta que sí, que es algo idiota en si mismo, pero que es lo que hay.
Así que la gestión se va derivando de persona, en persona, esperando que alguien nos de una solución que no sea pagar 50€ por una escritura que cuando hicimos la hipoteca ya pagamos, por cierto, y van pasando los días.
La penúltima persona que nos atiende, ante el argumento que una vez liquidemos nuestra deuda con el banco ellos ya no necesitan la escritura, argumentó que no, que ellos guadaban copias de todas las escrituras de los pisos a los que hacían hipotecas, cosa que no sé si es cierta, pero que pronto vimos desmentida.
Al fin, nos atiende la persona que realmente se encarga de esto (¿y quién nos estuvo atendiendo antes?) le comentamos el caso y muy decidida nos comenta que en cuanto hayamos liquidado nuestra deuda ella nos dará el original de nuestra escritura que tiene el banco, que ellos no lo necesitan para nada y que por supuesto que es para nosotros.
Además, le parece una idiotez lo que nos han comentado sus compañeros.
Nada, una gestión que ha durado semanas, resuelta en un minuto...o no, por qué después de todo esto, la compra de nuestro piso se retrasa y se retrasa por motivos que ya explicaré algún día y nos vemos en la increíble situación de que es más que probable que vendamos antes de comprar.
Nada, que vuelta a empezar, consultamos con los agentes de la inmobiliaria que venden nuestro piso, nos dicen que la cosa sin el original está mal, pero nosotros insistimos que no volvemos a pagar por algo que ya pagamos, que llevamos 2 meses pagando por todo, que si cédulas de habitabilidad, que si tasadores, que si honorarios...que no, no pagamos dos veces por lo mismo, que ya estamos hartos.
Así que vamos a la notaría dónde se va a hacer la venta y preguntamos si es posible que la escritura no sea la original y explicamos el caso.
Por primera vez desde el 1 de febrero, que llevamos con este tema, alguien hace lo inesperado:
1.Nos da una respuesta inmediata, no necesita consultar a nadie, ni hacer ninguna gestión; lo sabe y nos lo dice.
2.No nos complica la vida, nos da un respuesta favorable enseguida y no nos hace sufrir.
Total, todo esto para al final comprar antes que vender, así que al final SÍ tendremos la escritura original para el día de la firma...
Y mi pregunta es, ¿por qué narices no tienen todos los trabajadores la misma formación/información para no tener que tirarte semanas discutiendo por idioteces cómo esta?
Baguettes (dedicado a CHucky)
miércoles, 11 de marzo de 2009
Para hacer la nueva hipoteca, necesitábamos la vida laboral, que no teníamos, así que nuestro gestor lo solicitó por internet.
Pasados 15 días, el documento no había llegado a nuestro domicilio, total, es normal, sólo han pasado 15 días y todos sabemos que la sede central de la Seguridad Social, está ubicada en Pernanbuco y por eso tarda 15 días en llegarte un documento enviado vía Correos, claro que la otra opción, es que Correos sea lento, aunque no creo que esa eso, no, eso noooooo...
Así que nuestro gestor nos comentó que debíamos ir personalmente a solicitar esta información, buscó una delegación que abriera por la tarde y concertamos una cita y allí nos presentamos.
Había una guardia de seguridad en la puerta, que nos pidió los nombres para comprobar que teníamos cita, los verificó y nos dejó entrar, llegamos al arco de seguridad y cómo era la guardia de seguridad la que nos tenía que pasar los objetos por la cinta y estaba fuera peleándose con dos ciudadanos que no tenían cita, pasamos sin más sin que nadie verificara que no llevavamos nada peligroso, total, los arcos están para eso, para pasarlos sin control alguno.
Superado el arco, llegamos al mostrador dónde ponía que para que te atendieran debías pedir número en información, pero claro, en información debería estar la guardia de seguridad atendiendo, y aún estaba fuera, peleandose con los inisitentes ciudadanos, así que nada, allí espera que te espera, ante la atenta mirada de 5 empleados del Estado, que no tenían a ningún ciudadano en sus respetivas mesas, pero que tampoco hacían amago de agilizar el proceso.
Seguimos esperando, hasta que la guardia de seguridad, que no daba abasto, por cierto, llegó y nos dió número tras explicarle que habían pedido cita dos personas, mi compañero y yo, pero puesto que la vida laboral había llegado justo ese día por correos (¡aleluya!) sólo haría la gestión yo misma, así que sólo un número, por favor.
-Entonces, ¿cuantas personas van a pedir la vida laboral?- nos pregunta la guardia un poco confundida.
-Yo, sólo yo, ves, lo pone en tu lista, soy fulanita de tal a menganito lo puedes borrar.
Sí, pero no, nos busca en la lista, nos marca a ambos y repite:
-Entonces ¿cuantos números quieren?
-Sólo uno, para ella- interviene el gestor- mira, a él ya le ha llegado la vida laboral- le aclara enseñándole el sobre para que lo vea bien.
Bien, parece, pero sólo lo parece, que nos ha entendido, tenemos el 262, no hay nadie en ninguna mesa, 5 empleados del Estado sin atender a nadie, pero no, el turno no avanza, sólo estamos allí, esperando 5 minutos largos, mientras se miran entre ellos, dan vueltas de una mesa a otra, nada, que no hay prisa.
Finalmente el empleado del Estado A, decide que ya es hora que alguien nos atienda, ¿no? y dice:
-Oye B, hay gente esperando, ¿puedes atenderlos?
B se gira, nos mira y le contesta:
-Uy, ya te dije el otro día que hace más de una semana que no me fucnciona el programa para hacer las vidas laborales, pregúntale a C a ver si puede (C está en la mesa de al lado, tal vez practican algún código secreto de rangos para comunicarse entre ellos)
B se gira hacia C y le dice:
-¿Los atiendes tú?
C nos mira, mira a A y le dice que está acabando no sé que cosa; eso debe de ser un no.
Bueno, son 5 y lo hemos probado con 3, ya sólo quedan 2, sino siempre queda la posibilidad de que nos saque la vida laboral la guardia de seguridad, total, es la única que parece que tiene algo importante qué hacer.
A llega a la conclusión de que será mejor que nos atienda él mismo, ya se sabe, si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo, así que nos llama con la mano para que nos acerquemos.
Nada más sentarnos le dice el gestor:
-Sólo es para su vida laboral (señalándome a mi) la de él (señalándole a él) ya la tenemos- A asiente con la cabeza y se pone a teclear furiosamente en su teclado, tras hacer ver que no le hemos dicho HolaBuenasTardes a lo que no respondió absolutamente nada pero nos miró por encima de sus gafas con una expresión ciertamente difícil de interpretar que bien habría podido ser la de , anda e id a la mierda, o bien, arreando que tengo prisa, o también, ay que joderse, mira que querer la vida laboral...
Esperamos unos minutos, yo, ciertamente alucinada, por la eficiencia del empleado del Estado A, que sin darle ni mi Dni, ni mi nombre, ni nada, está trabajando tan intensamente...hasta que se acerca C y le dice:
-¿Ya está?-B asiente, le da a imprimir y la da a C el papelito que acaba de imprimir, se gira hacia mi cómo si fuera la primera vez que me viera y me dice:
-¿Me das el Dni?
Ahhhh coño, ya me extrañaba a mi...NO estaba haciendo mi gestión, simplemente hemos pasado de esperar de pie a hacerlo sentados.
Se lo doy, empieza a teclear furiosamente de nuevo y de repente, levanta la cabeza y dice:
-¿Pero cuantas vidas laborales váis a pedir?
Suspiro.
Volvemos a explicar, que sólo la mía, asiente y sigue aporreando las teclas un buen rato.
En ese momento aparece C, se pone detrás y le pregunta:
-Oye, ¿pero cuantas vidas laborales van a querer?
Joder que una, que la mía coño, que sólo la mía, la mía, la mía!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
-Sólo una, la de ella-repite el gestor por quinta vez ya, con una sonrisa tensa.
-Ahhhh-dice C y se marcha.
El funcionario A, empieza a comprobar mis datos, bueno, parece que sólo aciertan en el número del Dni y en el nombre de mis padres, lo demás, o está desfasado o mal, confieso que la parte desfasada, por mi culpa.
Y al fin, parece que ya estamos a punto de acabar cuando el empleado del Estado A le da a la tecla de aceptar y,
uyyyyy,
casiiiiiii,
no,
el programa le da un error, nada, lo mejor en estos casos es cerrar la ventana sin leer el mensaje del error e insistir, no, tampoco, pues bueno, lo repetimos 4 veces más, alguna tendrá que colar, ¿no?, pues no, así que el empleado del Estado A decide ir a lo seguro, a ver, a ver, qué pone, mmmm, uy, que me falta un dato, lo pongo aquí, le doy a aceptar, ostias si es que esto de los ordenadores es la leche, ahora sí que sí, si es que soy lo más (cara de satisfacción funcionaral).
Mientras se va imprimiendo la tan ansiada vida laboral, al empleado del Estado A le suena el móvil, descuelga, empieza a hablar y cuando termina de imprimirse me tiende la hoja dando así por terminada nuestra interacción, de la misma manera que ha empezado, en silencio.
Yo, pongo cara de ajo y utilizando el mismo sistema de comunicación le digo que no con la cabeza y señalo en dirección a su teclado, dónde tiene mi Dni, lo mira cómo a un ente extraño, me lo da y sigue hablando por el móvil.
Bueno, si no contestó al HolaBuenasTardes no íbamos a esperar que lo hiciera al AdiósGraciasBuenasTrades, ¿no?
Salimos y allí estaba ella, la guardia de seguridad lidiando con ciudadanos sin cita previa, negándoles el paso, manteniendo el orden establecido.
Nos miramos mi compañero, el gestor y yo y dije:
-Vamos, salgamos rápido, no sea que nos pregunte cuantas vidas laborales vamos a pedir...
-Para saber el por qué de Baguettes, pincha aquí
Sólo 15 minutos...
martes, 10 de marzo de 2009
Pero lo que vi ayer, me dejó estupefacta.
Un papá, que había tenido la suerte o la desgracia, no sabría decir, de haber tenido gemelos, estaba hablando por el interfono que tienen las estaciones antes de validar el billete, para que, en ausencia de todo rastro humano, puedas hablar con algún empleado en caso de tener algún problema (emoticón partiéndose de la risa).
El papá, que estaba ya un poco fuera de si mismo, se encontraba gritándole al interfono así que fue fácil escuchar la conversación.
La cosa era que, con el carro que llevaba para sus gemelos, no pasaba por la máquina habitual que valida los billetes, por lo cual, se dirigió al única de tamaño grande, que hay en toda la estación, pasó su billete, pero la máquina diabólica, no se abrió.
Así que se dijo, voy a llamar a este interfono para que alguien me abra la p...uñetera puertecita y pueda entrar.
El ingenuo papi, espera que te espera, pero no aparece nadie.
Justo cuando yo bajé, el buen hombre le decía al empleado que lo atendía, que no podía comprender que:
-no hubiese personal en la estación para ayudarlo
-que la máquina no funcionase
-que a pesar de haber pagado su viaje, estuviese esperando a que alguien le abriera, todavía
-que hubiesen pasado más de 15 minutos desde la primera vez que había pedido, vía interfono, que alguien se personase para abrir la p...uñetera puerta para poder entrar.
El empleado del metro, le comentaba que es que no había suficiente personal, vaya, un poco reproduciendo el lema, pues dos piedras o es lo que hay, justo lo que quiere oir un papi con dos bebés tras esperar durante 15 minutos y que no se prersente ni Dios para dejarle pasar.
Una situación de lo más normal vaya, dos bebés, esperando indefinidamente a que algún empleado decida que a pesar de que no haya personal, alguien, quien sea, le abra la puerta al pobre hombre, aunque no sea por él, por sus bebés.
Y en ese momento, me planteé muchas cosas.
La primera, muy en caliente, que esto se soluciona abriendo a la fuerza las puertas de la máquina que no dejaban entrar al papi con el carrito, o sino, romperlas directamente, a ver si así si viene alguien aunque sea a detener al papi.
Por qué si te lias a romperlas, seguro que aparece alguien, ¿verdad?
La segunda, es ¿porqué TMB ha tenido esta obsesión en substituir hasta lo insostenible al personal humano, por máquinas expendedoras, que en caso de problemas, evidentemente, no te pueden ayudar?
¿Porqué han ido cambiando todas las máquinas validadoras tipo torno, por máquinas validadoras tipo puerta de vidrio, que en caso de no funcionar, no permiten entrar en el metro de ninguna de las maneras?
Y además, ¿porqué estas máquinas validadoras, tienen tantas averías?
En una estación dónde hay la friolera de tres máquinas, una para salir y dos para entrar, cómo mínimo, una de las dos de entrada, puede estar estropeada de 2 a 3 veces por semana.
Si ponemos el ejemplo de la estación de Hospital Clínic, de 9 máquinas validadoras que hay 2 son de salida, lo que nos deja con 7 para poder validar nuestro billete, de estas 7 que hay, 1 es la especial para cochecitos o sillas de ruedas y tiene una doble puerta, así que no se utiliza, lo que nos deja con 6, de esas 6, la mayoría de los días, al menos 1 no funciona, un número considerable de días, las que no funcionan son de 2 a 3 y hemos tenido, bastantes veces, la suerte de que no funcionen hasta 4 o 5, dejando o 2 o 1 máquina para validar el billete; en esos casos se llegan a formar colas de hasta 30 personas.
No hablemos ya, de las estaciones dónde la que se avería es la de salida, dejando a la gente en la andana a la espera de que venga alguien de alguna parte, para dejarte salir del metro.
La tercera es, porqué TMB sólo pone personal en las estaciones para vigilar a los usuarios y no para ayudarlos, desde que se eliminaron las taquillas con personal, los usuarios que validan sus billetes en una boca del metro sin taquilla de venta con personas, se ven obligadas a todo tipo de peripecias ante cualquier problema, cómo no poder entrar por qué la máquina detecta error en el billete y tener que irse a la otra boca, dónde algún empleado le pueda cambiar el billete, siempre que haya alguien en la taquilla, por supuesto.
Desde hace un tiempo, TMB, decidió, dos cosas:
-cambiar las máquinas validadoras
-contratar a personal de seguridad
Este personal de seguridad está para persuadir de que nadie se cuele, pero si tienes algún problema, tampoco te lo solucionan, pues no es su cometido, pero si ven a alguien colarse, cómo mucho, su intervención se limitará a cagarse en la p**a madre de alguien y poco más, así que; ¿para qué sirven exactamente?
No lo tengo claro.
La cuarta cosa es, ¿porqué TMB ha invertido tanto dinero en equipar con televisiones el interior de algunas líneas de metro, monitores que no sirven para absolutamente nada y sin embargo aún no han habilitado el 100% de las estaciones con accesos para minusvalidos y cochecitos de bebés poniendo ascensores y porqué hay tantas salidas de estaciones que no tienen escaleras mecánicas?
¿Acaso es que TMB cree que ni los minusvalidos, ni los padres con cochecitos con bebés, ni las personas mayores, necesitan usar el trasporte público?
¿Es que es más importante ir viendo la tele en el metro, que tener accesos decentes?
La quinta cosa es, porqué el Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona, insiste en que sus ciudadanos utilicen el transporte público, cuando este está absolutamente desbordado de usuarios desde hace años, usuarios que han de soportar todos los días vagones de metro tan llenos que la gente va pegada a los cristales cual metro tokiense.
¿Es que pretenden meter aún más gente en los vagones o es que van a contratar a empujadores para que quepan más?
Pero cómo se puede pretender que la gente utilice el trasporte público, si:
-En las horas punta, hay tanta gente, que a veces no se puede subir y has de dejar pasar algunos metros.
-Tiene averías cada dos por tres, averías que se solucionan en una media de 10 minutos, cierto, es poco tiempo, pero si hay una avería y dejas sin servicio una línea durante 10 minutos, cuando el servicio sea restituido, deberás dejar pasar una media de 4 metros, hasta conseguir subirte a alguno.
-La frecuencia de metros en un horario de lo más concurrido, cómo puede ser de 6 a 7 de la tarde, puede llegar a ser de hasta 5 minutos en algunas líneas y en los fines de semana, de hasta 8 minutos.
¿Es que los fines de semana el billete que pagamos es más barato y por eso, debemos esperar mucho más?
Conclusión; TMB pierde mucho dinero por la ingente calidad de usuarios que se cuelan, eso es una evidencia.
Pero ¿estarán relacionadas estas pérdidas con la reducción sistemática de personal en todas las estaciones?
Si es así, eso significa que un usuario del metro que pague cada día su billetito, deberá asumir que:
1.Se le pongan unas máquinas que se averían con frecuencia, para que no se cuele, cosa que no hace.
Por supuesto, en el billete, este usuario asumirá el coste de las nuevas máquinas.
2.Se contrate a personal para vigilar que nadie se cuele, cosa que este personal, no hace, así que se cuela hasta el Tato.
Por supuesto, en el billete, este usuario asumirá el coste de los empleados de seguridad.
3.Se tenga que chupar unos trenes llenos hasta la bandera y unos trenes que tardan un huevo en llegar, eso sí, llevarán tele.
Por supuesto, en el billete, este usuario asumirá el coste de las teles nuevas.
Es decir, que todas las medidas que TMB tome para que nadie se cuele e incrementen el valor del billete, los deberá asumir el usuario que sí paga aunque TMB no mejore, en realidad, nada de lo que un usuario habitual quiere que se mejore y considera necesario e incluso primordial mejorar.
Una vez más, el usuario responsable, es el que se ve perjudicado.
Otro día podemos abordar el fascinante y no menos terrorífico mundo de los autobuses.
Que tonta es la gente
viernes, 30 de enero de 2009
Llevo un ratito escuchando una vocecilla Homeriana dentro de mi cabeza que repite sin cesar, me aburro, me aburrooo, me abuuuuurrrrooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Pero justo después de esa vocecilla, ha venido otra que dice, estoy harta, estoyyy harrrtaaa, estoy haaaaaarrrrrrtaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y es que sí, no puedo más, quiero quemar la empresa, quiero manda a la mierda a los clientes imbéciles, redomadamente inméciles, que estoy teniendo esta tarde eterna.
Y no es cosa mía, a mi izquierda oigo:- a la mierda!!!!, a la derecha:-este tío es tonto!!!!!
Es viernes por la tarde, estamos cansados, hemos tenido un día con mucho trabajo, falta gente y sobre todo, los clientes son tontos.
Hay empresas que creen que le pueden dar un ordenador a cualquiera y que encima, las cosas van a salir bien, pero eso no es cierto, no salen bien y luego es culpa de todos menos del empleado incompetente, que no escucha, que no se entera.
Pero lo peor no es que la gente sea tonta, que lo es, lo peor, es que no son conscientes de que lo son, que se explican para las profundidades de su ignorancia y no los entiende nadie, y no, lo peor no es que se expliquen mal y sean tontos, lo peor es que encima de tontos y de que no se explican son prepotentes, y eso, eso, es demasiado esta tarde.
Prepotente, puede ser alguien que controla, alguien, que cómo mínimo, sabe lo que es el Escritorio, que diferéncia entre programa en SU puñetero ordenador y página Web en internet, que conoce la diferencia entre navegador y sistema operativo.
Pero una persona que después de 10 minutos aún no ha sido capaz de encontrar el Escritorio a pesar de que se le ha explicado por activa y por pasiva, alguien que no encuentra un departamento específico aunque le hagas un mapa con todas las palabras de la enciclopedia Espasa, esa persona, no tiene, ni tendrá nunca, derecho a ser prepotente.
Y además, es que el prepotente, se permite el lujo de no escuchar, de cortarte mientras hablas, de ser desagradable, sobrado, cínico, hiriente...
En el mundo hay tantos imbéciles, por qué, de no llamarles imbéciles, depende el sueldo de muchos aguanta imbéciles, que sino...
