Mostrando entradas con la etiqueta Seguridad Social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Seguridad Social. Mostrar todas las entradas

Los peligros de la intimidad

lunes, 3 de junio de 2013

El miércoles pasado fuí a hacerme una ecografía en los pechos al centro de la SS que me toca y en el que nunca había estado antes como paciente aunque sí como acompañante.
Tras la batalla incial de no te lleves a la niña y déjala con alguien que oigo cada vez que voy al médico y que me paso por el arco del triunfo, ya que me considero con derecho de acudir a dónde sea con mi pequeña y más en mi baja maternal, salí bien tempranito hacia en centro médico dispuesta a que me torturaran las tetas un ratito.

Nada más llegar, me senté y me dediqué a distraer a la Gremlin que estaba bastante quejica esa mañana, los asientos estaban distribuidos en una hilera unos junto a otros y estaban casi todos ocupados.
Me llamaron y metí el carrito como pude en el estrecho cubículo dónde debes desnudarte.
Me atendió una enfermera amabilísima, que me dijo lo que debía hacer, me desnudé de cintura para arriba y esperé a ver que pasaba con la peque, por qué en el cubículo sola no la iba a dejar ni de coña.
Volvió la enfermera, me trajo un trozo de papel de esos para secarte las manos en rollo que ponen en los baños, me dijo que me tapase las tetas con eso y que entrase, por qué parece que ahora batas para tapar a la gente ya no te dan, así que aquello de la dignidad del paciente como que por el forro.
Antes de entrar cerró la puerta que daba a la sala de espera con pestillo por razones de intimidad, que con que te vean las tetas los médicos es suficiente y dejó a la peque en el cubículo, yo la miré y ella dejó la puerta que suele estar cerrada, completamente abierta, me acomodó en la camilla y volvió  para estar con mi hija mientras me hacían la prueba.
Sí, era muy maja.
Me hicieron la eco, sufrí en silencio, me acordé de la parentela de la ginecóloga que me la hacía y pal cubículo otra vez, todo en orden.
La enfermera me dijo lo muy bonita y maravillosa que era la Gremlin, se despidió, cerró la puerta y me quedé allí secándome las dos toneladas de gel que me habían echado hasta en el ombligo.
Mientras me secaba la peque me miraba con atención y yo le iba hablando a volumen normal,
-Mira, la mama se está secando el gel, que hay que ver que llevo hasta en los sobacos.
Bata no dan no, pero las acciones de la celulosa fijo que suben con dos pacientes más como yo.
Nada, ahora mamá se está vistiendo.
Y así con cada cosa que hacía, y cómo ya nos tenemos confianza le expliqué que a la mañana siguiente íbamos a ver si la mami tenía o no lupus, pero que estuviese tranquila, y un montón de cosas más íntimas de las que nadie tiene por qué enterarse, vamos.
Pero es que el cubículo ese es tan chiquitín, tan acogedor en su media penunbra, con su banquito, con sus perchitas, que yo allí charla que charla con la atenta Gremlin y raja que te raja de la clase médica que últimamente me tienen un poco cabreada y claro, cuando acabo, abro la puerta y veo unas cuantas caras fijas en mi, muy muy fijas y atentas, vamos, que se les notaba muy claramente que me habían estado oyendo y escuchando todo el rato y no me extraña, por qué entonces te das cuenta de lo muy cerca que están las sillas de las puertas, del silencio sepulcral de la sala, sólo roto por la loca de la ecografia mamaria en su cubículo y queda claro que te han oído hablando de tus tetis llenas de gel, de lo que harás mañana y de lo que piensas ahora mismo de la hematóloga del hospital y te da una vergüenza que no veas.
Levantas la cabeza con orgullo, das los buenos días roja cómo un tomate y te las piras a la velocidad de la luz.
Esto de quedarte a solas con tu bebé es más peligroso que lo de ir hablando sola por la calle, por qué lo segundo al menos, lo haces bajito bajito.

Mi parto robado

viernes, 24 de mayo de 2013


La mayoría de personas que me rodean, ven el parto cómo un mal necesario, cómo un trámite, cómo ese momento que hay que superar de la manera que sea, lo más rápido e indoloramente posible.
Yo tuve 9 meses para prepararme para un parto que no tuve y que tampoco preparé por qué no pude.
Necesitaba ir paso a paso, día a día y en ese ejercicio no cabía la posibilidad de mirar más allá de la semana 40.

Los médicos que me atendieron durante mi embarazo no me informaron de nada relativo al parto, sólo me comunicaron que por seguridad tendría un parto inducido si no me ponía yo de parto de forma natural antes y que en ambos casos, sería un parto monitorizado, lo que en cristiano quiere decir que te obligan a estar tumbada en la cama al menos hasta que te ponen la oxitocina.

Yo no quería un parto inducido, aún sin saber lo que sé ahora de ellos, sentía en mi fuero interno que esa no era la manera, pero el embarazo se complicaba, los factores de riesgo se multiplicaban y los médicos insistían siempre que podían en el discurso del miedo.
A pesar de todo, llegadas las últimas semanas, yo tenía bastante claro que mi embarazo, a pesar de tener riesgo, había ido bastante bien y nada podía demostrar que los problemas de peso del bebé estuviesen relacionados con la trombofília detectada por lo que me planteé muy seriamente rechazar el parto inducido y esperar a ponerme de parto de manera natural.

Pero tuve miedo, tres abortos y un embarazo tremendo, lleno de ansiedad, de pruebas, de presión médica, minan mucho y estaba claro que no iba a encontrar ningún tipo de apoyo a mi decisión en el equipo médico.
Sentía en mis entrañas que eso no era lo correcto, que no era necesario, y sobretodo, que no era lo que quería, pero todo el mundo a mi alrededor repetía una y otra vez que no había para tanto, que en realidad no cambiaba nada, que fuese cabal, que no quisiese desafiarles sabiendo ellos tanto y yo tan poco.
Yo sabía que el riesgo a que pasase algo en esos días fuera de cuentas era un riesgo que podía ser muy real o no existir en absoluto, pero enfrentar esa decisión completamente sola* no es nada fácil, por lo que cedí y accedí a que me programaran el parto.

Tres semanas antes del día que cumplía las 40 semanas pregunté qué posibilidades existían de tener un parto natural a través de un parto inducido.
Es una pregunta absurda pero sobretodo, ingenua, ahora lo sé.
Se me informó de que era completamente posible, pero no se me informó detalladamente de lo que era un parto inducido, por lo que la información recibida no me sirvió para saber a qué me enfrentaba realmente.
En ese punto, mi moral estaba ya tan mermada por todo el proceso que no me quedaban ánimos para informarme por mi parte.

A nadie le importa el modo en que mi hija llegó al mundo por qué nadie entiende cómo se siente una madre a la que le han robado el parto, nadie se hace cargo del sentimiento de vacío, de la rabia, de la frustración, pero sobretodo, del lo incompleta que se siente una mujer que no ha parido cómo deseaba, peor aún, cómo sentía que debía hacerlo.
No hay para tanto.
No es tan diferente.
Eso que te has ahorrado.

Cuando me pusieron la oxitocina, al principio, cuando las contracciones eran leves y esporádicas, hubo un momento en el que pensé que podría pasarlo sin la epidural.
Me sentía tan fuerte, tan valiente, quería callarles la boca a todos los que habían cuestionado una y otra vez mi resistencia al dolor.
Los voy a dejar con la boca abierta.
Voy a poder.
Pero cuando rompí la bolsa de aguas me sumí en un dolor tan intenso y tan insoportable que bastó menos de una hora para suplicar por la anestesia.
Por qué el dolor que sentía, era el dolor más absurdo, antinatural y estéril que había padecido en mi vida.
No era un dolor de aviso, no era un dolor de progreso, no era un dolor de esfuerzo, era un dolor vacío que mi mente y mi cuerpo, rechazaban, un dolor contra el que luchaban, un dolor que me bloqueaba la respiración.
Un dolor que aniquila.
Respira cómo te han enseñado me decía mi compañero y ni siquiera las palabras para maldecirlo salían de mi boca.
Por qué no podía respirar, estaba a merced del dolor, yo trataba por todos los medios de asirme a algo en medio de esa tormenta, sabiendo que si lo lograba podría recomponerme, controlar al dolor y no la inversa, pero no había nada a lo que agarrarse, la mano de mi chico no era suficiente, por qué al apretarla mi propio cuerpo irradiaba dolor, buscaba en mi cabeza, una imagen, una palabra, un recuerdo pero mi mente no funcionaba sólo era un circuito interrumpido atrapado en un bucle de padecimiento.
Quería moverme, ponerme a cuatro patas y huir de la camilla por qué no hay posición menos útil y más dolorosa para parir que estar tumbada, pero ya no podía moverme y tampoco soportaba el dolor de que me moviese otro.
Eso es lo que te da y lo que te quita la oxitocina.

Pero da igual, por qué está la epidural y cuando te la ponen, eres la mujer más feliz del mundo, aunque apenas sientas tu cuerpo para traer a tu hija al mundo, aunque tengas que parir atada al monitor y tumbada sin ningún tipo de control sobre un proceso activo que depende únicamente de ti y en el que no puedes ser más pasiva.

Y por eso, por qué no pude traer a mi hija al mundo cómo deseaba y por un embarazo traumático y complicado, mi posparto ha sido tan duro.
Por qué HE de ser feliz por qué he tenido una hija, sobretodo yo, después de tantos problemas, al fin lo he conseguido y no soy feliz.
Por qué he de sentirme agradecida y lo que me siento es enfadada.
Por qué he de ser positiva y me siento triste.

Ahora, que me he informado, entiendo lo que me pasa y por ello me será más fácil superarlo, sobretodo por qué descubres que lo que te ha pasado, no te ha pasado sólo a ti y que además, tienes derecho a sentirte mal aunque la gente de tu entorno no te comprenda y siga pensando que no sabes lo que quieres y que te quejas por todo.

El parto no es un trámite, no es un mal necesario, no es algo que pasar rápido y dopada, es la manera en que tu hija/o vendrá al mundo, es un modo de expresión, es un regalo, es una reivindicación, es el caos, es la euforia, es la reafirmación más poderosa que una mujer puede hacer sobre el sentido de la vida y si te lo quitan te están arrebatando una parte de ti misma.

*El padre de la criatura hubiese secundado cualquier decisión que yo tomase y fué la única excepción en mi entorno.

Doctora, doctora

viernes, 30 de noviembre de 2012

El otro día tuve visita con mi ginecóloga, le comenté que cuando me rasco el culo, inmediatamente, deja de picarme, ella me miró unos instantes, se tocó la barbilla pensativamente, asintió y finalmente me dijo,
-Muy bien, puede que no sea nada, pero como es un embarazo de riesgo, tenemos que asegurarnos.
Ta vamos a hacer una analítica, una ecografía y te voy a derivar al dermatólogo.

Lo cierto, es que me he dado cuenta de que cuando bebo líquido, al cabo de un rato meo, pero no me atreví a decirle nada, no sea que me derive también al urólogo y ese ya me da cosa.
¿Estaré poniendo mi vida en peligro?

Cosas que no se pueden hacer para fiestas

jueves, 22 de diciembre de 2011

Imaginaos la situación, medio pomelo y yo en la visita de la ginecóloga tras el tercer aborto pidiendo que se incice ya el procedimiento de infertilidad para nosotros.
La ginecóloga nos dice que la media para que te llamen era, hace dos años, de dos años, pero que ellos tienen un procedimiento por el que de entrada te piden una analítica para ver los cariotipos y con eso pasas antes.
Al final decide que me va a mandar dos analíticas, la primera se tiene que hacer entre el día 2 y 4 de la regla y la segunda entre el 20 y el 22 y para que sirva no se puede hacer en otras fechas, sólo en esas.

Resulta que el primer mes después de la visita no puedo por que entre los días 2 y 4 estoy en Mallorca de vacaciones, total, me han dicho que tardan bastante en llamar así que no pasa nada.
Mientras, me mandan una carta dándome visita en tan solo 2 meses tras la petición de la prueba.

Para la regla siguiente pido hora sin problemas, me hacen una analítica de 6 tubos que no quiero ni acordarme de cómo fue, pero lo logramos, ellas sacar todos los tubos de mis míseras venas y yo no desplomarme ni de dolor ni de debilidad.
Me dicen que la analítica tarda un mes, o sea, que estará el día 17 de diciembre, sábado para más señas.

Hace unas semanas he llamado a mi ginecóloga, pido cambiar la visita del 25 de noviembre, que no sirve para nada por que los resultados aún no estaran, por una fecha cercana al 19 de diciembre, que es cuando tengo que tener los resultados para el departamento de infertilidad.
Me dicen que llamo demasiado pronto, que las visitas para mediados de diciembre no están abiertas y que llame en dos semanas, pero que tenga claro que hasta enero no me dan visita, por que hay muchas fiestas y son días malos para dar visitas.
¿¿¿???

La segunda parte de la analítica, o sea, los días 20-22 del ciclo, caen en la semana del 6 y 8 de diciembre, mi chico trata de programarme la analítica y le dicen que no, que esa semana no trabajan, que hacen puente como método de ahorro.
Cómo es una analítica muy específica, no tengo alternativa de programarla en otro centro que abra en esas fechas, no me la hacen y punto, poco importa que en mi caso no se pueda programar otro día.
A día 5 de diciembre no sabemos quién nos va a dar los resultados de la analítica, eso si está y además, de las dos pruebas que me pidieron, sólo voy a llevar una.

Finalmente, una semana antes de la visita, medio pomelo va a recoger los resultados de su analítica a su doctora de cabecera, que es la mía también, le pide por favor si ella puede acceder a mi analítica y que se la de.
Vale, se la da, pero no toda, esta prueba consta de un análisis de sangre pero hay otra parte a la que ella no puede acceder por que sólo lo ve la ginecóloga que la pidió.

Total, que el 19 de diciembre, me presenté en el Hospital de San Juan de Dios, con una analítica parcial y de dos que me solicitaron.
Para la próxima me han pedido que pase por la ginecóloga a recogerla y que se la lleve, pero por si acaso, cómo no, me han pedido otra, más completa, calculo que esta debe de ser de unos 20 tubos, y ya no te pinchan, te abren con un machete, ponen un cubo debajo y recogen la sangre por litros.

Pero no, con los recortes la sanidad pública no se ha resentido, eso que quede claro.

Tombola, tombola

domingo, 18 de diciembre de 2011

Mañana, para bien o para mal, empieza una nueva etapa en nuestro camino para intentar ser padres.
Estoy tan nerviosa que ya no estoy ni nerviosa.

Mañana saldré de la visita de una doctora completamente deshecha, sin saber todavía nada, o con noticias llenas de esperanza.

Ha sido duro llegar hasta aquí, pero sobre todo, nos ha consumido, como personas y como pareja.
Ha puesto a prueba nuestra paciencia, nuestro amor, y el amor de los que nos rodean.
Han sido los peores momentos de nuestra vida.

Pero mañana, pase lo que pase, y decidamos lo que decidamos, sabré que hemos hecho todo lo que emocionalmente estaba en nuestras manos; y eso y sólo eso, nos da fuerzas para mirar al futuro.
Aunque eso signifique desmontar la habitación que guardábamos para ti, querida hija, y convertirla en cualquier otra cosa.

Deseadnos suerte.

Quirófano y nieve

martes, 9 de marzo de 2010

Ayer viví mi primera experiencia hospitalaria y no, no es que nunca haya estado en un hospital, es que ayer me ingresaron por intervención quirúrgica por primera vez.
Fue una de esas intervenciones leves, de las que te operan, y si estás bien, te mandan a casa el mismo día, ya que no es un tema ni grave ni importante.

No me gustan los hospitales, es más, los detesto.
Y los tanatorios.
Y los entierros.
Pero en el plazo de dos semanas he tenido raciones de todo y generosas.

Desde hace muchos años y siempre que puedo, confío mi salud a la medicina homeopática, sí, esa que no hace nada, que es un timo y te cura con frasquitos de agua del grifo que son un placebo.
Debo de tener una mente superpoderosa por que en esos años he curado dolencias incurables para la medicina tradicional y han pasado de crónicas a no crónicas y todo, con agua del grifo, oiga!

A veces, como ayer, no queda de otra que pasarte por el hospital y aunque mi experiencia médica ha sido muy variada y plagada de desencuentros, ya que el hecho de ser paciente no debe, según mi punto de vista, convertirme en un objeto inanimado sin opinión ni capacidad de crítica y ayer fue todo como la seda.

Como he dicho, fue mi primera experiencia hospitalaria, nunca me habían ingresado, nunca me habían tumbado en una cama de hospital, nunca me habían metido en un quirófano.
Y yo ayer estaba algo más que nerviosa, el proceso velatorio, entierro, intervención, en el plazo de 4 días, es mucho.

Superado el terrible, como siempre, trance del tema agujas y venas, y de dejarme los brazos como un colador, por qué aquí no me cabe la vía completa, aquí sí me cabe pero por los gritos que está dando la paciente, se le acaba de reventar la vena yo no sigo que venga otra, y el por fin, te he puesto bien la vía pero donde está te va a impedir mover el brazo todo el día, todo ello con la mayor de las amabilidades y comprensión, eso sí, todo fue maravillosamente bien.
Se asomaban cada poco, a contarme que pronto me harían pasar, ya que la intervención que iba delante iba por tal o cual momento, o para ver si necesitaba algo, o para ver si estaba bien de ánimos, o para sonreirme.
Me explicaron muy bien, a mi y a mi chico, que iban a hacer, por qué y todo lo demás.
Y justo antes de meterme en el quirófano, la doctora que me llevaba sujeta, cuando supo que aún no había visto la nevada increíble que estaba cayendo, me llevó hasta una ventana para que pudiera verla antes de que me durmieran.

Es una tontería, un detalle pequeño, pero eso me hizo feliz.
Que en ese momento otra persona, que iba con el tiempo justo, por que siempre hay prisa, tuviera un minuto para enseñarle a esa cría acojonada que era yo, la nieve, que me llevara bien sujeta, que me abrazara fuerte cuando los nervios hicieron presa en mi, todo eso, es más de lo que le pide su trabajo, es gratis, es por qué sí.

Yo no se que pasará las próximas veces, pero en las dos ocasiones que me han tratado, todo el equipo médico de este hospital, se han portado a nivel humano impecablemente.
Estoy contenta de que me lleven, confío en ellas.
Y eso, no tiene precio.

Y esto es lo quen encontré cuando volví a mi casa.





¿Quién odia a Michael Moore?

lunes, 1 de febrero de 2010

El otro día vimos Sicko, la peli de Michael Moore que habla de la asistencia médica en los EUA.
O mejor dicho de la no asistencia médica en los EUA.

Primero de todo la película arroja cifras, 50 millones de americanos no tienen ningún tipo de cobertura sanitaria.
El resto, 250, sí lo tienen.

Y aunque parece que lo lógico es hablar de los que no la tienen, la película se centra en los americanos que reciben cobertura médica y explica situaciones que ponen los pelos de punta, que en muchos casos, llevan al asegurado o su familia a la muerte.

La temática de esta película versa sobre como las aseguradoras, para ahorrar costes y tener beneficios indecentes, deniegan infinidad de pruebas o tratamientos sin los cuales sus asegurados, acaban muriendo.
Increíble pero cierto.

La película, que es muy recomendable de ver para comprobar hasta que punto el país de los sueños es un país absolutamente desalmado en cuanto a dinero se trata, como muchos otros, por otro lado, me dejó un sabor tremendamente agridulce y no por que en los EUA las pasen canutas para que un seguro médico les cubra los tratamientos, sino por la situación de nuestra SS (Seguridad Social).

Durante la película compara a los EUA, sin SS, con países cómo Canadá, Francia e Inglaterra, que como nosotros, sí la tiene.

Y la verdad es que mi impresión es que la SS de esos países le da mil patadas a la nuestra, aunque no sólo hablamos de la SS.

En el caso de Francia, tienen 5 semanas de vacaciones al año, retribuidas y si no te puedes costear los medicamentos, ellos se hacen cargo.

Si estás de baja y no te ves preparado para volver al trabajo te dan tu tiempo para que regreses.

Hay un servicio de niñera que te mandan a casa, 4 horas al día, varios días a la semana, para que se ocupe de tu bebé y tengas tiempo para ti.

Además las guarderías son gratuitas y hay plazas para todos.

En Inglaterra el precio único de la medicación es de unas 7 libras, si eres menor de determinada edad o mayor sde 60 años, gratuito, si no lo puedes costear, es gratuito.
Y tanto en Francia, como en Inglaterra, como en Canadá, los usuarios parecían encantados con el funcionamiento de sus respectivas SS.

Tal vez es una percepción mía, pero a mi no me parece que en España estemos encantados con nuestra SS, por descontado en ningún caso te van a mandar una niñera que te haga la cena, y encontrar plaza en una guardería pública es tan complicado que seguramente sale tu foto en el periódico si lo consigues.

Aparte de los jubilados a los que no les cobran nada por su medicación, el resto de mortales tenemos que pagar la parte que nos toca, amén de cuando te recetan medicación que no entra en la SS, como las pastillas anticonceptivas.

Lo de las 5 semanas retribuidas me suena a ciencia ficción directamente.
Luego nos pueden contar eso de lo bien que se vive en españa, el solecito, los barecitos y todo eso, y bien se debe vivir en vista de la cantidad de turismo que tenemos y lo mucho que gusta nuestro país.

Pero socialmente, me parece a mi que no estamos tan bien, ni tan avanzados como nuestros vecinos europeos y para muestra un botón.

Aunque también me pregunto, si realmente, en el caso de Francia e Inglaterra ellos están tan bien, porque reconozcámoslo, salir en una pela obliga a lucirse y me gustaría saber que parte hay de propaganda, por parte de estos países y de Michael Moore que cuanto mejor sea la SS en otros países peor dejará a EUA.

Tal vez la pregunta final es si estamos tan mal y si es que sí, por qué motivo.

El médico preferido de la mujeres

miércoles, 22 de abril de 2009

El médico preferido de las mujeres, es el ginecólogo.
Es difícil encontrar una mujer a la que no le ponga nerviosa visitar al ginecólogo.
Ninguna quiere ir al ginecólogo, mucho menos, ser examinada, es un momento desagradable, violento, incómodo, da lo mismo el tiempo que haga que vayas, lo maja o majo que sea tu médico, lo importante que sea la revisión; no es un momento agradable.

Por eso, el sueño de toda mujer sería ir al ginecólogo y salir impoluta del mismo, o sea, que no le pusiese un dedo encima, literalmente.

Sin embargo, existe el caso, en que vas al ginecólogo, pongamos que después de 2 años, más o menos, esperando que la ginecóloga te pegue un broncazo tremendo, que es justo lo que hizo la última vez, por que fuiste al cabo de dos años en vez de sólo uno, te metió el miedo en el cuerpo y a poco más te llama irresponsable e inconsciente.

Así que, entras angustiada, por qué es el ginecólogo y por qué se te va a caer el pelo y lo que te encuentras es algo muy distinto.

Primero de todo, no sé por qué, la ginecóloga te pide todos los datos que ya te pidió la primera vez que fuiste, para informatizar el historial.

¿Qué hacen con la información de los expedientes en papel?, ¿lo queman? por qué está claro, que transcribirlo, va a ser que no.

Segundo, te pregunta cuando fue la última vez que fuiste.
-A finales del 2006- dices lo más bajito que puedes, agarrando el bolso con nerviosismo y sentada en la punta de la silla, rígida y sudorosa.
Pero no, la ginecóloga no te pega el broncazo, apenas si parpadea cuando se lo dices, asiente y sigue tecleando,
-¿La citología dio negativa?
-Sí
Sigue escribiendo y asintiendo, finalmente termina, se sienta y de cara a mi me dice:
-Bueno, habrás escuchado que ahora las visitas ginecológicas en vez de una vez al año, se deben hacer una vez cada tres.
-(¿¿¿¿¿Cada tres????? !!!!!!!pero si me dijeron que cada dos y ya me pareció una barbaridad!!!!!!!!)
-Esto NO es debido a que no haya dinero cómo dicen por ahí (Ein????) sino por que la SS (Seguridad Social, aunque las siglas podrían dar para muchos juegos de palabras dadas ciertas similitudes y no sólo en las siglas) hemos de llegar al mayor número de gente con los recursos de los que disponemos.
Resulta que hace unos años, se descubrió que lo que genera el cáncer del cuello de útero, es el virus del papiloma, eh (a cada eh, dicho con un marcado acento catalán aunque hable en castellano, hay que añadir un movimiento en el que se alzan las manos, con las palmas hacia arriba en postura expositora de ideas), habrás oído hablar mucho del papiloma últimamente, eh.
-Pues sí, he oído hablar del papiloma, pero no sé muy bien qué es (de hecho ni muy bien, ni muy mal, no tengo ni repajolera idea de qué es, aunque sé que se ha liado muy gorda con la vacuna de la misma).
-Sí, exacto, ha habido mucho revuelo con las vacunas, pero hemos de ser cautos, eh, no se ha demostrado aún que sea cierto que la vacuna realmente haya tenido nada que ver con esa reacción, pero claro, las noticias, la alarma social, eh,(me contengo para no levantarme y mirar tras la doctora para comprobar que:
1.No hay uno de los marionetistas del guiñol dándole vida, con ese ehhhhh y ese movimiento de manos, tan de guiñol.
2.No hay un político detrás de ella, soltando todos esos argumentos preelectorales.)
-Pues cómo te decía, el cáncer lo causa el papiloma, entonces, se ha descubierto que este virus puede estar latente toda la vida y no manifestarse nunca, eh, (madre de Dios, otra paranoia más a tener en cuenta) pero si se manifiesta, eh, hemos descubierto (lo de descubierto lo decía cómo si talmente hubiese estado en el equipo investigador que lo descubrió) que aunque se active tarda de 10 a 15 años en mostrar los primeros síntomas, así que si las tres últimas citologías han dado negativas, contamos con un margen de tiempo amplio y no es necesario hacer la citología todos los años, eh

-(ahhh, bueno, pero si es por eso, por qué no piden las citologías cada 10 años, total, si una mujer va al ginecólogo a los 17 años por primera vez, le haces la citología, durante tres años seguidos, pongamos que a los 19 da negativo, total, le haces otra citología a los 29, da negativo, otra a los 39 y seguramente será la última por qué al ritmo que vamos la menopausia a los 50 o antes ya es un hecho, así que haciéndolo así te puedes ahorrar un huevo de citologías.)
-Ahhhhhhhh
-No has de sentirte mal por no haber venido antes, no pasa nada, eh

-(la madre que la parió, la última vez me pegó una bronca que hacía al menos una década que no me daba nadie, sólo le faltó decirme, si tienes cáncer será por tu culpa!!!!)
-Ahora, las citologías, las hacen las enfermeras, ya no las hacemos los médicos
(Ein????????????) pero no has de preocuparte (¿¿¿¿se me ha notado????) por qué las enfermeras están plenamente cualificadas y lo hacen tan bien cómo los médicos, eh (cobrando menos, quieres decir).
-Así que pides visita para una citología para finales de este año (la enfermera me lo apunta en un papel y me lo da)
-Entonces, tú lo que debes hacer cada mes, es autoexplorarte, eh, cuando finalice la regla, te tocas los pechos y compruebas que no haya bultos extraños, eh, y si tienes bultos, has de comprobar que siempre estén los mismos (Ein????) pero si notas algo extraño, tranquila (movimiento de manos sin eh) tranquila (otro movimiento de manos), pides visita y nosotros te exploramos sin ningún problema.
-(Uf, menos mal que mi ginecóloga aún puede visitarme en algunos casos, pensé que lo tendría que hacer la recepcionista, que seguro que es una profesional cómo la copa un pino, pero yo prefiero que lo haga la doctora, mira, cosas mías.
O sea, que me explore yo misma, pero si noto un bulto del tamaño de un melón, vaya que ellos me lo mirán, sin compromiso alguno, oiga!)
-Por supuesto, que si tú quieres puedes visitarte por tu cuenta una vez al año, cómo hasta ahora.
-(Gracias, no sabía si iba a estar usted de acuerdo en que me gaste mi dinero en la sanidad privada, que cada vez parece que sea más necesario hacerlo)
Pues nada, que llegado este punto, nos despedimos y cada mochuelo a su olivo, que se suele decir; ella a seguir adoctrinando y yo a procesar la experiencia sobrenatural que acababa de vivir.

Mientras salía, me vino a la mente un gag que vi en fin de año, que trataba de un enfermo de la SS que llega al quirófano y se tiene que autooperar siguiendo las indicaciones de una voz que le va guiando los pasos.
Tuve la impresión, de que a poco más, nada más entrar aparte de la charla preelectoral, me dice lo de la autoexploración y me enchufa el kit de hagaseustemismaunacitlogiaessuperfácilyconsuesfuerzoatenderemosamilesdeusuariasmás y me manda para mi casa.

Era la primera vez que salía del ginecólogo sin haberme tenido que desvestir, cómo decía, el sueño de cualquier mujer, y sin embargo, me fui con la sensación, de que una vez más, la administración pública, nos estaba tomando el pelo.



LinkWithin

Related Posts with Thumbnails
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.