No logro acostumbrarme aún a ser adulta

viernes, 31 de diciembre de 2010

Hace 23 meses y 7 días, os decía que no logro acostumbrarme aún a ser adulta.
Os lo contaba por que durante muchos años había tenido la creencia de que al llegar a determinada edad, uno se veía infundido de una sabiduría superior que lo convertía en adulto, o sea, sabio.

Aunque sé que no es cierto, que eso no va a pasar a ninguna edad en concreto, sí puedo decir que poco a poco me voy sintiendo más adulta que antes.
Hay indicios que así lo demuestran, pequeños, pero insistentes.

Cada vez me gusta más el silencio, antes no podía vivir sin música y ahora puedo estar semanas sin escuchar ni una canción.
Puedo oir a alguien diciendo barbaridades de cualquier tipo y no siento el impulso de contradecirlo, gritarle o pegarle.
Puedo estar en una charla y aunque la gente opine justo lo contrario que yo, no siento la necesidad de explicarle mi punto de vista.
Cuento lo que hago o digo y ya no quiero dar explicaciones de por qué lo dije o lo hice.

Pero sobretodo, en un conflicto paterno-filial, aunque siempre estoy de parte de los retoños, entiendo cada vez más, la postura de los padres.

No es que antes no entendiese el proceder de los padres del mundo, o de los míos, entenderlos, los he entendido siempre, pero ellos eran el enemigo a combatir, eran los culpables, eran los malvados, eran los injustos, por qué ellos sabían, eran los adultos.

Llegado este punto, lo que sé, es que todos somos personas, los padres y los hijos, sólo que hay personas que además son padres y eso ni los hace más sabios, ni menos falibles.
La paternidad al fin y al cabo, solo es un puñado de personas tratando de hacerlo lo mejor posible; nada más.
Y nada menos.

Este año, he aprendido esto.
Nada más.
Y nada menos.

Feliz salida de año y feliz año 2011.
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Unheilig, O Tannebaum (Der Graf Club edit)


10 profesiones que nunca tendría

miércoles, 29 de diciembre de 2010

1-Médico, por varios motivos, desde los que me ponen de los nervios, tratar todo el día con gente que viene a verte sólo para quejarse, sí, ya, de que les duele algo, pero quejarse al fin y al cabo, hasta los motivos que me ponen del revés, sangre, venas, órganos internos, puajjjj, no, no, no, es una profesión que no me va nada de nada.

2-Enterradora, por motivos parecidos a los de arriba, sí, claro, estos están muertos y ya no dan guerra, pero hay que desangrarlos, vaciarlos y todas esas cosas tan agradables que aprendimos en viendo A dos metros bajo tierra.
A ellos no, pero a las familias sí que hay que aguantarlas y además, si eres supersticioso te emparanoias y ves cosas que se mueven por todas partes y en momentos de pánico imaginas que los difuntos se van a levantar y van a empezar a hablarte.
O si eres fan de las pelis de zombies, a morderte.

3-Yonki, bueno, eso ya os lo había dicho, tampoco es que sea una profesión, pero se me ocurre que nunca jamás, me metía yo a yonki de las de aguja.
Más que nada por que sería una yonki frustrada, no me la encuentran los profesionales que llevan años en esto, la voy a encontrar yo siendo novata.

4-Policía de ningún tipo, desde el de barrio, hasta los de analísis de conducta de Cuanticó esos.
Después de ver toda la maldad de la que es capaz la gente, no podría dormir por las noches.

5-Cualquier función que se desempeñe en un matadero; me hacía vegetariana de golpe.

6-En la perrera municipal, o no municipal, la palabra clave es perrera.
Ver como la gente abandona a sus pobres mascotas me haría perder la poca fe que tengo en el ser humano.

7-Teleoperadora del teléfono de la Esperanza, todo el día escuchando a gente a punto de saltar de la ventana tiene que ser jodido y me juego algo que al final, si trabajas allí durante demasiado tiempo, el que acaba llamando al teléfono de la Esperanza, es uno mismo.

8-Astronauta, y esta no es por que no quiera, eh, es por que se me dan fatal las mates y por que con mi constitución osea no pasaba ni la primera ronda de pruebas físicas.
A los 12 años me dijeron que era laxa, yo pregunté si eso me impediría ser astronauta y el médico me contestó con un rotundo, SÍ!!!!!

9-Persona que se mete dentro de algún muñeco infernal/disfraz patético para darle vida, ya sea en Disneylandia, en la inaguración de algo donde se contrate este servicio o en una fiesta infantil.
No hay suficiente dinero en el mundo para pagar semejante humillación.

10-Equipo de limpieza de tanques industriales que suelen albergar materiales tóxicos.

Tuve un amigo que lo hizo durante unas semanas y lo dejó por que no podía con el estrés que significaba que cada dos por tres tuvieran que salir corriendo del tanque por amenaza de que se les desintegrara el traje por culpa de los residuos químicos.
Bueno, por eso y por que se metían en sitios estrechos y oscuros y eso no es de mi agrado.

Yo a ti te conozco

lunes, 27 de diciembre de 2010

Seguro que habéis oído alguna vez en un ambiente propicio al ligoteo, de la boca de un chic@, eso de,
-Yo a ti te conozco.
Suele ser una mentira como un piano y sirve para inciar el tonteo que desembocará, o no, en ligar.

El otro día os conté mi primera cita con un chico, mientras viví, por un corto pero muy largo para mi, espacio de tiempo en un pueblo.
Pasamos allí un par de años y luego volvimos a Barcelona, aunque como mi abuela siguió viviendo allí, íbamos a menudo a visitarla.

El caso es que un día, fui a pasar un fin de semana con mi mejor amiga a casa de mi abuela, contábamos entonces unos 12 añitos y el plan era estar lejos de madres pesadas y hacer un poco el gamberro, bueno, esa era su idea por que aquello era un pueblo de mala muerte que lo más parecido a hacer el gamberro que conocían debía ser apedrear la casa del alcalde.

Más o menos a las 4 o 5 horas de llegar, los chicos del pueblo en edad de merecer, o sea, los de más o menos nuestra edad que no tenían,
a)moto para pirarse de fiesta a otro pueblo más animado,
b)edad para beber y meterse en alguno de los dos bares del pueblo o en el Ateneu,
ya estaban enterados de que había dos chicas de fuera rondando por ahí.
Así que esa misma noche, mientras estábamos tomando el fresco en las tumbonas que mi abuela tenía en el balcón, vemos aparecer a un grupito de 4 chicos que se paran justo debajo del balcón.
Mi amiga flipa, yo le digo que no flipe, que esto es un pueblo y que las cosas son así y nada, empezamos a hablar, eso sí, sumidos en la penumbra de la noche, o sea, sin ver a ninguno de los muchachos, ni ellos a nosotras.

Pues nada, que si como te llamas, yo tal y tú, y tu amigo, y tu amiga y esas cosas y que si de dónde sois y patatín y patatán y en estas que va y dice uno de los chicos refiriéndose a mi,
-¡Yo a ti te conozco!
Ni que decir que a mi amiga y a mi casi nos da un síncope de tanto reír, por que vamos, no se puede ser menos original que entrarle así a una chica.
Cuando ve que nos calmamos, va y dice,
-Que no, que en serio, que yo te conozco.
Mi amiga y yo muertas de la risa otra vez, que si sí, que si mucho me vas a conocer tú a mi, que si esto, que si aquello.
El chaval, que original igual no era, pero insistente sí, dice,
-¿Verdad que tú viviste aquí un tiempo cuando eras pequeña?
Y entonces a mi se me pasó la risa pero de golpe.
-Pues sí, ¿y tú como sabes eso?
Es una idiotez preguntar lo que ya sabes, pero no me pude resistir,
-Por que soy MR, ¿te acuerdas de mi?
Llegado este punto ya todos querían saber quién era yo, mi amiga quien era él y lo más importante, de que nos conocíamos.

Era él; era el Mini Romeo.
Joder, que suerte la mía.
En cuanto me preguntó si no me acordaba de quien era tuve claro que sí, que lo sabía, esa forma tan dramática de decir las cosas no se olvida aunque hayan pasado unos cuantos años, os lo prometo.
Y allí estaba yo con el Mini Romeo que ya no era mini.

El paso siguiente era obvio, quedar para vernos las caras, nunca mejor dicho, por supuesto, bueno, obvio para todo el mundo menos para mi, que con gusto hubiese cogido mi mochila y me hubiese vuelto a casa andando por la carretera descalza antes que tener que tener cualquier encuentro a solas con,
a)un chico cualquiera
b)ese chico en concreto
pero os prometo que la presión del grupo es grande cuando el grupo se lo propone; y este grupo se lo había propuesto.

Así que unos cuantos años más tarde iba a tener una segunda cita con un chico que ya la primera, no me gustaba.
Mi amiga estaba tan emocionada que le propuse cambiarnos para la cita, me llamó de todo por cierto, que como podía ser tan poco romántica, que lo que había pasado era precioso, que parecía una película/cuento de hadas/historia de amor épica y un largo etc que para nada logró ablandarme.
Pero no me libré, fuí y me reencontré con el Ex Mini Romeo y volvió a mirarme con ojitos tiernos y a suspirar y trató de cogerme la mano, pero ¡eh! que 6 años sólo se tienen una vez y esta vez fui más rápida que él.

Y hablamos de nuestros recuerdos, concretamente de sus recuerdos que incluían un amor infantil idealizado e irrepetible que aún le hacía suspirar.
Se acabó la cita, nos depedimos y volví con mi amiga.
Ella no daba crédito, por qué según la religión del romanticismo, de la cual ella era una fiel devota, se suponía que debía haber quedado deslumbrada por las casualidades del destino que nos habían unido de nuevo y que en el mismo momento de habernos mirado a los ojos ambos deberíamos haber sentido la ardorosa flecha de Cupido atravesando nuestros corazones y bla, bla, bla.
Pero no pasó nada, al menos no por mi parte.

Y después de eso, ya nunca más pude quitarme la etiqueta de la mujer menos romántica del mundo mundial.

Mi familia+La musiquita del viernes

viernes, 24 de diciembre de 2010

Este sábado es Sant Esteve.
En Cataluña es una celebración igual de importante que el día de Navidad.
En todos estos años nunca se habían dado las circunstancias para que hiciésemos de anfitriones y las celebraciones navideñas se han hecho siempre en casa de mi madre, aunque cada vez menos.
Este año, con motivo de las obras que hemos hecho y con la excusa de que ahora ya tenemos ascensor para que mi abuelo pueda subir, lo íbamos a celebrar en mi casa.


Supongo que a estas alturas ya habréis deducido que mis relaciones familiares son difíciles y lo cierto es que debo hacerlo de pena, por que a cada año que pasa, empeoran.


A pesar de que la celebración amenazaba con ser un día de locos con peleas propias de las familias en estas fechas, cual película navideña con familia disfuncional enfrentada y bonito final feliz de todos nos queremos a pesar de todo, me hacía una ilusión enorme celebrarlo.

Llevamos desde el fin de semana pasado comprando cosas para la comida, esto le gustará a mi madre, esto a mi cuñada, a los peques esto les encantará...


A estas alturas debería estar acostumbrada a todo, pero la ilusión es lo que tiene, que hace presa en uno y ni que le pongan un neón luminoso en los morros que diga BATACAZO se le quita la sonrisa idiota de la cara.
De la cara de por una puñetera vez, vamos a ser una familia.


Ayer por la tarde, primero me enfadé mucho, después grité y grité  e hice gala de mi más genuino estilo de sinceridad brutal, aliñada con mucha decepción y desilusión, para terminar con una dosis extra de a mi no me torea ni Dios. 
Pero el resultado es el mismo; no hay comida.


Por una vez iba a celebrar las fiestas con mi familia, por una vez...
y entonces pensé, mi familia es la gente que me quiere, es la gente que además de quererme, me lo demuestra, lo hace de maneras no tóxicas, de maneras que yo puedo entender, de maneras que me hacen bien, con palabras, con actitudes, con acciones.


Así que poseida por el deseo más ferviente de sentarme a la mesa el 26 con mi familia, llamé a mi amiga F., la conozco desde el instituto, y le dejé un mensaje de persona al borde de una crisis nerviosa en el contestador, invitándola el 26 a comer en mi casa.
Después llamé a mi amiga E., la conocí en un trabajo en el que estuve mucho tiempo, fui su jefa, su compañera y depués su amiga, y sobrevivimos a todo, que no es poco.
Le dije que viniese el 26 a comer.


A la espera de que F. confirme asistencia, el 26 voy a comer con mis dos mejores amigas y con mi lucero del alba, el amor de mi vida, mi compañero del alma.

Y ya está, se me quita la pena, por que desde el último morrón me dije que me iba a concentrar en lo que tengo y no en lo que no.
Y no tengo una familia de sangre que me apoye, una que me cuide.
Pero tengo una familia que te trae comida recién hecha de su casa cuando acabas de salir del quirófano y quisieras estar muerta, que llaman y te preguntan que si te hacen la compra, que te dejan dinero si estás en un apuro, que te escuchan si estás jodido sea la hora que sea, que si hace falta se piden fiesta en el trabajo para venir a consolarte cuando todo te va muy mal, que te acompañan a sacarte sangre por que te da pánico, que van a ver contigo tu película de vampiros preferida a pesar de que sea una mierda para quinceañeras, que te mandan fotos de la saga friki que no va a poder evitar leerse por tu culpa, que te abrazan cuando saben que lo necesitas aunque no lo pidas y tantas, tantas cosas más, que no se pueden enumerar.


Y por eso, el 26 voy a comer con mi familia, aunque no tengamos la misma sangre.


Felices fiestas queridos míos, aprovechad todo lo que tenéis y tratad de ser felices.

 
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Danny Elfman, What´s This?
BSO The Nightmare Before Christmas



Cosas que me tocan los ovarios 6

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La gente que va aun sitio donde es obvio que se van a sacar fotografías, como un museo, como el zoo o como, no sé, un cumpleaños y van y sacan el movil y hacen unas fotos birriosas, descuadradas y sosainas con la cámara del móvil.

¡Si quieres sacar fotos, llévate la cámara, que lo del móvil es una cutrada!

Desde ya pido perdón por si alguno de vosotros, queridos lectores, tenéis esta horrible costumbre que me enerva y me saca de mí misma.
Otro día os dejo que me insultéis a cambio.


*Queda excento del cutrerío sacar fotos con la cámara del móvil en un concierto donde no te dejan entrar con la cámara.

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The Cure, Pictures of you


Maquíllate, maquíllate!!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hace muchos años, en plena crisis adolescente y acabando de descubrir que la música podía ser el salvavidas que impidiera que me hundiera irremisiblemente, conocí a una persona.
Esa persona, que conocía a otras personas como ella, me dijo:
-Ven con nosotros, nosotros te entendemos, nosotros somos como tú.
Yo, absolutamente deslumbrada por encontrar a gente como yo, me uní de cabeza y nada me importó que el primer requisito para confraternizar con ellos fuese cambiar mi vestuario, total, siempre me había gustado esa manera de vestir.

Primero fue la forma de vestir, luego eran los complementos, el maquillaje, el calzado y un largo etcétera de cosas trascendentes y fundamentales para nutrir el alma con la filosofía correcta, que por algún motivo que desconozco, siempre se centraba en cosas tan relevantes como el aspecto físico.

Luego estaban las categorías de personas, según la autenticidad de tu aspecto, eras más o menos dentro del grupo, se tenía en cuenta tu aspecto de lunes a domingo, si eras de los que ibas a currar vestido de persona normal, perdías muchos puntos.

Y al final, muy muy muy al final de la lista de logros, estaba la supuesta filosofía de vida, esa que te hacía megaespecial, que demostraba que estabas de vuelta de todo, que tú alma inmortal estaba forjada de sufrimiento y de sabiduría ancestral a partes iguales, esa tan moderna que dictaba picos en la boca a chicos y chicas, esa que decía que sufrir mucho y con clase era maravilloso.

Y al cabo de unos meses, muy pocos, te das cuenta de que has cambiado de dueño, pero que todo sigue igual.
Que son los demás los que te dicen lo que debes hacer, lo que no debes hacer, lo que debes ponerte y lo que no, la gente con la que debes ir y con la que no, la música que debes escuchar y la que no...
Pero piensas que ellos te entienden, o al menos, te entenderán mejor que los otros, que los demás, que la masa, y sigues creyendo que tienen algo especial y que si te esfuerzas lo suficiente te lo mostrarán y todas las decepciones habrán valido la pena.
Los defiendes ante los demás, y cuando te critican o cuchichean por tu forma de vestir, por lo que te gusta, te dices que es envidia por que eres tan diferente que sólo pueden envidiarte.

Y al final te das cuenta de que sí, de que eres muy diferente, tanto, que no necesitas demostrarlo, tanto que te da igual llevar una ropa que otra, tanto, que la opinión del grupo te acaba importando tan poco como la de tus padres; tanto, que te das cuenta de que en el fondo, las personas son todas iguales, que las mueven las mismas cosas, los mismos deseos, y que no tiene sentido hacer la guerra contra la normalidad, por que la normalidad no existe, por que vestirte de determinada manera, no te va a mantener a salvo de la vida, no te va a imbuir de una sabiduría superior, tu vida va a ser como la de los demás, exactamente igual.

Puedo entender que la finalidad estética de un determinado modo de vestir, pero de eso a todo lo demás...sencillamente, no me lo creo.
Estuve allí y sé que es mentira.


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Haunted ocean Part 1, Max Richter
BSO Waltz with Bashir

Feo+La musiquita del viernes

viernes, 17 de diciembre de 2010

Mi nueva ciudad no es bonita, ni es glamourosa, ni es moderna.

No es la ciudad a la que todos los guiris quieren venir, por que ni saben que existe, en realidad.

Es una de las ciudades más grandes de España, más que algunas capitales de provincia, tiene una densidad de población mucho más alta que Barcelona, más inmigración que Barcelona, pero curiosamente no tienes esa sensación de agobio al pasear por sus calles que sí tienes en el centro de Barcelona.

Esto es una ciudad dormitorio venida a más, a mucho más, sus fundadores fueron extremeños y andaluces en su mayoría.
Desde que estoy aquí leo todas las novedades que quiero en la biblioteca, por que los ejemplares en castellano tienen meses de colas, pero los ejemplares en catalán crian polvo en las estanterías, algo que no había visto nunca en ninguna de las otras cuatro bibliotecas que he frecuentado en Barcelona.

Los comercios aún están en su mayoría regentados por españoles, no hay tiendas bonitas, ni cafeterías de diseño, ni bares bohemios; aquí todo es funcional y mucho más barato que en Barcelona.
Y más feo; tan feo que a veces me entran ganas de arrepentirme de habernos venido.

Cuando mi madre supo que nos mudábamos se horrorizó, ¿qué, te vas de Barcelona, que te vas al extraradio, que te vas ahí?

Edificio abandonado al lado de la carretera.
En la parte delantera se acumula la basura, algún colchón y barriles de plástico.
El lugar en sí es precioso y entran ganas de imaginar quién vivió ahí y por qué se fueron.
También entran ganas de soñar lo que uno podría hacer ahí con un poco de dinero e imaginación.
La vegetación amenaza con tragárselo todo.
De pequeña mis padres me contaban cuentos chinos para mantenerme lejos del peligro, del estilo si tocas eso te pasará tal o cual.
Durante un par de años viví en un pequeño pueblo y podías encontrar por el campo restos de esta especie de champiñones blancos que véis en la foto.
Como mis padres me habían dicho tantas veces que si los tocabas te electrocutabas, me daba miedo tocarlos hasta cuando los encontraba por el suelo, pero me tenían fascinada.
Cuando veo alguno, sigo fascinada.
Las ventanas rotas de las fábricas tienen un extraño encanto, decrépito y poético.
La puerta a un palacete de ensueño engaña.
Las pintadas invaden todo, tratando de arrebatarle su dignidad.
Traté de sacar una foto frontal, pero la mirada de los habitantes del vestíbulo me hizo temer por mi ntegridad si me atrevía.
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George Winston, Moon


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