La cajera

jueves, 20 de agosto de 2009

En una película que no recuerdo, un terapeuta especializado en el control de la ira, le explica a otra persona, los distintos tipos de personas que hay, según su reacción ante la ira acumulada.
Utiliza el símil de la cajera para explicar como hay personas que aguantan, aguantan, aguantan, cómo una cajera de supermercado que es la persona en la que se concentran todas las quejas, reclamaciones y malas leches en general, del usuario, y cómo finalmente estalla, se sube al campanario de su pueblo armada con una escopeta y empieza a disparar indiscriminadamente.

Más o menos, o eso me gustaría creer, todos nos vemos lejos del patrón de la cajera, que se ve sometida a presión y violencia verbal y un día deja de controlarse, pasa al otro lado y se convierte en agresor, largamente agredido.
Todos queremos pensar, que en caso extremo, el campanario y la escopeta, no es una opción para nosotros, la violencia, aunque no sea liarse a escopetazos, nos queda lejos.
Pero, ¿qué pasa cuando uno está tan harto, se siente tan quemado, tantas veces pisoteado, estafado, engañado, que empieza a entender, e incluso a simpatizar con la cajera homicida?

En Un día de furia, el hilo argumental gira en torno a esa idea, cómo una persona "normal", sometida a la presión de la vida en la gran ciudad, el trabajo, la familia, una vez ha perdido el trabajo, pierde por completo los estribos y se convierte en un perturbado, o mejor dicho, un perturbado que pasa a la acción, por qué ¿quién podría asegurar que no estaba ya perturbado?

En España las armas no son habituales, cómo en EUA, pero cada día veo más claro, que una población estresada, es una población inestable, y una población inestable y armada es una combinación pésima.

Vivimos en un mundo, dónde residir en una gran urbe es lo más y residir en una gran urbe, significa tener una determinada vivienda urbana o bien tener una vivienda no urbana pero dónde Cristo perdió la sandalia, utilizar transporte público, una de las fuentes de cabreo más fiables de cualquier urbe mundial, o bien coger el coche, con lo cual, el cabreo está también garantizado, comprar en grandes comercios dónde hay aglomeraciones y un largo etcétera, que no se puede decir que nos resulte balsámico para los nervios en general.
Además de todo ello, están los problemas de convivencia con gentes de otros países, la delincuencia, el atropello indiscriminado de las administraciones públicas contra los ciudadanos, la impunidad de las grandes empresas contra los consumidores,las injusticias laborales a las que la mayoría de personas están sometida y aún y así, somos buenas personas y nos levantamos cada mañana, y reproducimos día a día, todas esas rutinas que constituyen nuestras vidas.

Sin embargo hay días que la ira es tan intensa, la hartura tan grande, la injusticia tan obscena, que uno se siente con ganas de convertirse en la cajera, no hace falta tener escopeta, sólo empezar a gritar, a exigir, a imponerse, para que dejen de tomarte el pelo en el trabajo que te pagan lo mismo y te piden que trabajes por tres con la excusa de que sabes más, eres más bueno, que ni siquiera te den las gracias y te traten como si ellos te hicieran un favor a ti y no al revés, en el trasporte público, que en agosto ha decidido que puede pasar con la frecuencia que les salga de los huevos y no tienen que dar ninguna explicación a nadie, en la administración pública, que reducen personal y horarios y si tienes que hacer alguna gestión, ya te pillarás un día de fiesta, total, ya sabemos que es el ciudadano el que está a su servicio y no ellos al tuyo, las grandes empresas, que facturan/cobran lo que quieren, no dan el servicio prometido y si les dejas de pagar, o sea, tratas de impedir que te roben más, te meten en el asnef, y no hay manera de que alguien les haga cumplir las leyes, etc, etc, etc .

El ser humano debe de ser muy resistente para que no haya una cajera subida a cada campanario de cada pueblo...

4 comentarios:

larous dijo...

Amén.

Yo creo que no es tan dificil que algún día estallemos de ira, aunque no tengamos escopeta, siempre se pueden lanzar grapadoras, teléfonos u otros objetos a mano. Siempre se puede gritar.

Sin embargo, aun es peor si en vez de despotricar, se llora, porque se ha pasado de la rabia al hastío, a la esperanza perdida. Ya no queda más que llorar, no se ven otras opciones.

Yo aun no entiendo lo del mes de agosto en general, que todo va peor, mas lento, mas obras, mas ruido, el mundo se para, ¿y los que no paramos que?

Lourdes dijo...

Yo si encuentras un lugar donde por dos escopetas te hagan descuento me apunto...

Besucos

Ender dijo...

Larous, yo tampoco creo que sea tan difícil, lo que me maravilla es que no pase más a menudo.

Los que no paramos, nos jodemos, no hay de otra :S

Esto Lur...de vacaciones no vale querer escopetas :DDDDDDD

Anónimo dijo...

Hola !!!!!!!!!!
Muy interesante tu posteo!!
Yo soy cajera de supermercado y la verdad, no es una tarea sencilla, aunque a veces sea subestimada
Te dejo mi blog por si te interesa leer y comentar
www.cajeradehipermercado.blogspot.es
Saludossssssssss

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