Esto de salvar una vida es muy, no sé, romántico, grandilocuente, espectacular.
Tú creces pensando en que algún día, a lo mejor, podrás salvarle la vida a alguien y entonces serás la persona más guay del planeta, y a lo mejor la persona a la que le salves la vida te deberá gratitud eterna, o que sé yo.
Pero desengañaros amiguitos, lo de slavar vidas está bien, pero no es muy lucido que digamos, os lo digo por experiencia propia, creedme.
Cuando tenía 11 años, mi hermano tenía 7 y no sabía nadar.
Mi madre por aquel entonces estaba super enamorada del hippi de la comuna de la tortilla de los hipócritas, que ahora vivía en medio de la montaña con la escalofriante cantidad de dos vecinos más como única compañía. Bueno, y las vacas, y las cabras, y las gallinas y los huertos.
Justo al lado del huerto que el novio hippi tenía, había una balsa no muy grande, de unos dos metros de profundidad, que cuando teníamos el valor suficiente, utilizábamos de piscina, más que nada por qué,
1-Recibía el agua de la montaña y tal como iba entrando iba saliendo por un desague, con lo que la temperatura media del agua era de unos -50º bajo cero y yo friolera he sido toda mi vida.
2-Estaba llena de serpientes acuáticas y nos pasaban entre las piernas cuando nos bañábamos, una experiencia que contribuyó en gran medida al pánico que me dan esos bichos.
Andábamos una calurosa tarde de verano haciéndo el zángano mi hermano y yo alrededor de la balsa, cuando él perdió pié y cayó cual saco de patatas, dentro de la balsa.
Como os he dicho, mi hermano no sabía nadar, con lo que empezó a tragar agua más o menos en el mismo instante en que cayó, mientras trataba frenéticamente de mantenerse a flote.
Lo primero que pensé fue que ni de coña me metía yo dentro del agua, que estaba haciendo la digestión y con que se ahogase uno de los dos era suficiente.
Luego reflexioné y me dije que lo de los cortes de digestión no podía ser tan grave y que total, estaba cerca, que seguro lo enganchaba antes de que a mi me diese un siroco o algo.
Después ya no pensé, sólo lo miraba y por algún motivo recuerdo oir perfectamente cada trago de agua que engullía con un glob, glob, glob, monótono y mecánico.
Tiempo después, me enteraría que estaba en estado de shock y que por eso estaba allí mirando, sintiendo que el tiempo se había detenido y fijándome en cosas extrañas como el hecho de que tragase agua cual aspirador marino.
Llegó ese punto en que te dices, mira mari, o entras al agua y lo sacas o el nene palma, así que me dije, allá voy hermano y me metí, diría que de cabeza pero no, me metí de pies, de hecho bajé primero un escalón y luego otro concretamente y cuando comprobé que desde el escalón no llegaba nadé hasta llegar a su encuentro, me lo llevé a rastras como pude por que el jodío se revolvía como un poseso y lo saqué de la balsa como pude.
En estas que oí a mi madre cerca y empecé a llamarla, llegó enseguida acompañada de el novio hippi y nada más ver a mi hermano empapado empezaron a gritar y a hacer aspavientos del estilo padre aterrorizado y cagado hasta la médula.
Yo pensé que no había para menos, y les expliqué lo ocurrido, que se cayó y casi se ahoga pero que yo, o sea YO, lo había sacado del agua heroicamente, muy probablemente habiendo corrido peligro mortal de muerte por corte de digestión por agua helada y serpientes acuáticas.
Entonces mi madre se puso de los putos nervios y a poco le da algo, ella y el novio hippi se llevaron a mi hermano en volandas y tras comprobar que estaba bien lo metiron en la cama hasta el día siguiente.
La heroina del cuento se quedó junto a la balsa esperando que le dieran al menos las gracias, pero con los nervios se olvidaron hasta de mi existencia.
Yo me dije, mira, no pasa nada, cuando se les pase el susto vendrán y me darán las gracias, me adorarán, me harán la pelota para siempre jamás y me premiarán con toneladas de golosinas.
Lo que pasó en realidad es que como las bambas se me mojaron completamente estuvieron tendidas tres días al menos, que parecía que un duende cabrón llegaba por la noche y se entretenía en inundarlas de nuevo, sino no se expluica como en pleno verano unas bambas pueden tardar tanto en secarse y como no tenía otras, tuve que ir esos tres días en chanclas, una fastidio vamos, por que no estaba acostumbrada y no podía hacer el ganso con ellas sin espiñarme.
Y de las gracias ni rastro, oiga.
Así que me dije; esto de salvar vidas es una mierda y yo no repito.