Mi primera cita

lunes, 13 de diciembre de 2010

Yo soy, lo que se llama, una persona poco romántica.
En esta nuestra sociedad, hay una serie de cosas que están bien vistas y otras que están mal vistas.
Y si eres mujer, has de ser romántica, se supone que lo llevas inscrito en tu código genético.

Lo cierto, es que siempre di muestras de ser poco romántica y nada enamoradiza.
La primera vez que descubrí que los niños servían para algo más que para dar la lata, yo tenía 6 añitos; un compañero de clase se había enamorado perdidamente de mi.
Me seguía a todas partes, trataba de cogerme de la mano, me miraba lánguidamente y hasta tuvo la desfachatez de contárselo a su madre, que se lo contó a la mía.

Ni que decir que a mi madre le hizo muchísima gracia la noticia y estuvo días sonsacándome si el niño en cuestión era de mi agrado.
Yo la miraba sin comprender de que me hablaba y es que por mucho que aquel niño de mi misma edad dijera que se había enamorado de mi, yo no podría haber entendido ese concepto ni que me fuese la vida en ello.
Lo único que sabía, es que ese niño era muy pesado y que no me dejaba ni a sol ni a sombra.

Pasaron las semanas,me acompañaba a mi casa, me compraba mi helado preferido, Tiburón de la Frigo (¡¡¡¡¡¡¡¡¡para cuando un grupo en el feisbú que pida que lo vuelvan a comercializar!!!!!!!!!) y en general, era una lapa silenciosa que me miraba y suspiraba.
Un muermo, vamos.


Un día me invitó, madre mediante, a su cumpleaños.
Nada importaba que yo no quisiese ir, mi madre me puso mi mejor vestido y me plantó en la puerta de mi casa, donde me esperaba el mini Romeo, que me cogió de la mano y me acompañó hasta su casa.
En aquel momento vivíamos en un pueblecito, así que los niños íbamos y veníamos por todas partes con total despreocupación, aunque el muchacho en cuestión vivía a las afueras del pueblecito, por lo que tuvimos que cruzar huertos, recorrer caminos de cabras y enfilar una carreterilla empinadísima antes de llegar a su casa.

Cuando llegamos, descubrí que la fiesta de cumpleaños incluía al cumpleañero, a mi y a la madre que se asomaba de vez en cuando para ver si merendábamos y nos bebíamos la coca cola.
No se puede ser más cutre, montar una fiesta de cumpleaños y no invitar a nadie más que a mi.

En fin, que comí bocatas de foie gras que me daban un asco que no veas y bebí mucha coca cola para quitarme el sabor ese asqueroso que dejaban, me senté en un banco y esperé pacientemente la hora de irme de allí.

Y al final, llegó la hora de irme, salimos del patio de su casa, cogidos de la mano, que parecía que nos las habían encolado, con el mini Romeo dispuesto a acompañarme a mi casa de nuevo, pero entonces, justo detrás de nosotros, apareció un Pastor Alemán de esos muy muy grandes, ladrando como un loco, que nos miraba con ojos asesinos y babeaba como si nos quisiese descuartizar.
Nos giramos mudos de la impresión, y el parvulito romántico a morir dijo,
-¡Oh, no! el vecino ha soltado al perro, y es un perro muy malo.
Corre, corre, ¡que yo lo entretendré!
Si no hubiese sido por que estaba cagada de miedo, hubiese flipado un rato ante la muestra de sacrificio y amor eterno del mini Romeo, pero como estaba acojonada, corrí lo más rápido que pude, sobre todo tras comprobar que su heroica resistencia había consistido en ponerse delante del perro haciendo aspavientos y que el chucho, lo había esquivado para seguirme a mi cual perro de caza, valga la redundancia.

El caso es que yo corría mucho, pero el perro debió perder el interés o algo, por que no me cabe duda de que un perro corre más que una niña de 6 años, pero yo estaba tan impresionada que hice todo el camino de vuelta corriendo como alma que lleva el diablo.
Cuando llegué a mi casa a mi madre casi le da algo cuando vió como había quedado el vestido tras atravesar zarzas, huertos y otras vegetaciones, a toda velocidad.

Me preguntó qué había pasado, pero en aquel momento la madre del nenito la estaba llamando para saber si había llegado bien y le contó lo del perro.

Una vez recuperada de la impresión, con ropa limpia y sin desgarrones y tras un baño reconfortante, llegué a la conclusión de que eso de los chicos, aparte de ser un rollo, era algo muy, pero que muy peligroso.

Lo único que eché en falta del mini Romeo, fueron las invitaciones al Tiburón.

7 comentarios:

nee* dijo...

Qué bueno! jaja, no si te pasan unas cosas xD. Yo estoy en romanticismo moderado, es decir las cenas con velitas como excepción me gustan pero no las lapas xD.

Besos!

mariajesusparadela dijo...

Creo entender que el niño, después de "arriesgar su vida" ante el perro, creyó que ya era suficiente y no quiso seguir arriesgando su cartera (menudas Celestinas, las madres correspondientes...).

emejota dijo...

Niña inteligente, ja,ja es natural hasta donde puedo ver. Otras sin embargo se enamoraban a los 4 años de niños "más listos" que ellas. Un verdadero desastre también. Un fuerte abrazo.

Ender dijo...

Nee, las velas me gustan en cualquier ambiente, no hace falta que sea con cena :D

María Jesús, es comprensible, el perro era mucho más grandes que nosotros.
Las madres celestinas son terribles, pero con hijos de esas edades además, son malvadas XD

Emejota, yo no recuerdo haberme enamorado de ningún niño.
B ueno, de nadie menos de mi medio pomelo, si he de ser sincera, así que muy enamoradiza no soy, no. :D

Tantaria dijo...

Jajajajaja! Qué bueno! Espero que el trauma no te dure hasta ahora!

diego dijo...

Ender, si es que enamoras hasta a los perros...! :D

Ender dijo...

Tantaria, algo me debe de durar por que los hombres cariñosos nunca han sido lo mío XD

Diego, yo creo que es perro no tenía intenciones muy amorosas, lleva escrito en sus ojo, DESCUARTIZAR!!!!!!!!

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