El peor año de mi vida

martes, 31 de diciembre de 2013

Es aún noche cerrada, todo está en calma, oscuro, silencioso, papá ya no está por qué madruga muchísimo y en la cama sólo quedamos mi pequeño bebé y yo aún dormidas y perezosas.

De repente ella empieza a gimotear, ya no es un llanto desesperado cómo el primero de la noche donde reclama ser traída del moisés y hartarse de teta, es sólo un quejido que podría perderse en la quietud de la noche de no ser por qué mamá está programada para oírla y reaccionar.

En unos instantes, mi pequeña está prendida al pecho, succiona con calma, sin abrir los ojos y mueve sus pequeñas y calientes manitas arriba y abajo buscando mi cuerpo.
Alcanza mi brazo, mis manos, mi cara y por último mi pecho, pasea sus manos arriba y abajo, sus caricias torpes de bebé enternecen mi ya blandito corazón, beso su cabecita sudada que huele deliciosamente a toda una noche juntas, agarro su mano y la apreto, la suelto, recorro con ella mi propio cuerpo, le susurro y también gimoteo, cómo ella, cuando el sueño me vuelve a vencer.
Nos quedamos así, rendidas y derrotadas, ella abrazada a mi, yo rodeando su cuerpo, nos acurrucamos, nos dejamos llevar, todo se vuelve borroso, el mundo desaparece de nuevo, sólo estamos ella y yo, en un momento perfecto, en el lugar perfecto, en la postura perfecta, en la vida perfecta, llenas de amor, satisfacción y gratitud.

Soy tan tan tan afortunada...

1 comentarios:

Lourdes Izquierdo dijo...

Cuanto me alegra verte tan feliz

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