El día más intenso II

martes, 24 de marzo de 2009

Estaba en el ferry, al fin, esperando que se pusiera en marcha.
Ahora debía afrontar una realidad que en ese momento podía cobrarse un precio muy alto;

me mareo hasta en patinete.
Es así, soy de esas personas que se marea horriblemente en (por orden de gravedad):
-Autocar
-Autobus
-Coche
-Metro
-Avión
Cierto era que de las dos, hasta el momento, veces que había ido en barco, no me había mareado, pero ahora estaba enferma, llevaba muchas horas sin comer, el mar estaba movido y aquello era un fast ferry y se movería más rápido que a la ida, que fue en un ferry de los grandes, sin nombrar el hecho de que a menor volumen de la embarcación más movimiento de la misma y para una persona que se marea en metro, la cosa pintaba mal.

Pero no, aquel día, probablemente, el día más intenso de mi vida, hice un pacto conmigo misma antes de iniciar la vuelta a casa, en ese pacto, me prometí poner todos mis recursos a mi propio servicio, para utilizarlos lo mejor posible, y llegar bien a mi casa (o cómo mínimo llegar).
Así que respiré hondo, el barco se empezó a mover, 5 minutos después de llegar yo y el par de muchachos que llevaba detrás.
La gente iba y venía, el barco empezó a coger velocidad, todo se movía y yo seguía respirando, expirando, respirando, expirando, concentrada en mis cervicales, que no estén demasiado rígidas, concentrada en mi cuerpo, que se mueva con el vaivén del barco, concentrada en mi estómago, que no se tense, respirando, expirando, respirando, expirando.

Me habían comentado, que el mar Mediterráneo es la parte fácil del trayecto, que al llegar al Atlántico es cuando los barcos empiezan a moverse y la gente a marearse.
Si os han dicho lo mismo, os han mentido.
El trayecto por el Atlántico, con temporal de viento incluído, fue una maravilla, suave, rápido, fácil, pero en cuanto entramos en el Mediterráneo, cosa que se supo por dos fenómenos simultáneos, el más notable, el barco empezó a dar unos saltos de vértigo y el más obvio, los móviles empezaron a pitar al unísono indicando que habían recibido un sms que les daba la bienvenida, de nuevo, a su operador español, la cara de la gente, empezó a cambiar de color y sobre todo de expresión.

En ese viaje, éramos unos 70 pasajeros, había un poco de todo, niños pequeños, gente joven, matrimonios de todas las edades, iban y venían, o estaban sentados tomando algo, o leían revistas, o estaban asomados viendo el mar...todo eso empezó a cambiar a los 15 minutos de haber entrado en el Mediterráneo.
Yo, que me había puesto los cascos para escuchar música y concentrarme mejor en mi respiración, me encontraba observando cuando vi a un niño de unos 8 años que con el llanto pintado en la cara se acercó a su madre y justo entonces, empezó a vomitar, la madre, gustosa hubiese socorrido a su hijo, o a su hija, que segundos después, imitó al hermano, pero en ese justo momento, empezó a vomitar también.

Si te mareas en metro, ver vomitar a los demás no es demasiado recomendable, si encima tu estómago anda mal, ya ni te cuento, así que desvié mi mirada hacia el otro lado, con poca suerte, debo confesar, puesto que el espectáculo era el mismo, gente que vomitaba, por aquí y por allí, durmientes que despertaban de su sueño con la boca llena, leyentes que empapaban las lecturas, bebientes y comientes que invertían el sentido del proceso...

Respirar, expirar, respirar, expirar, por Dios, no mires, concéntrate, concéntrate, respirar, expirar.

Abrí los ojos, para comprobar que mis dos vecinas de mesa, se hallaban en el mismo proceso vomitivo que el resto, y comprobé, que mirase dónde mirase, la imagen se repetía alcanzando casi por completo, a todos los viajeros del ferry.

Es difícil describir lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos, no soy muy aprensiva, pero me mareo con facilidad, llevaba 3 días con dolor de estómago, dolor que por cierto, incluía las arcadas cómo sintóma y estaba en un ferry lleno de gente que vomitaba sin parar, la situación menos adecuada para mi en ese momento, situación que se alargaría durante el resto del viaje.
Tal era la intensidad de los vomitos, que llegó un momento que me emparanoyé de tal manera que no sabía si continuar en mi meditativa posición, de respirar, expirar, con la música puesta, o mejor, quitarme los cascos y abrir los ojos, no fuese que alguien, en un arranque de vómito sin control, fuese a hacerlo encima mío, así que me quité los cascos y abrí los ojos.

Daba miedo, verlo y oírlo.

La gente gemía, y lloraba., y vomitaba, vomitaba por todas partes.
Pensé que daba lo mismo que mejor seguía cómo estaba, me volví a poner los cascos y cerré los ojos, que fuese lo que Dios quisiera, respirar, expirar, respirar, expirar.
Y así continué el resto del viaje, con los ojos cerrados, concentrada en mi respiración y esperando que nadie me redecorase la indumentaria.

Lo más curioso de esta desagradable situación, fue que en uno de los momentos que abrí los ojos, al hacer un repaso general de la situación me di cuenta de que había un chico que estaba sentado muy recto, con una sonrisa en la boca, y me miraba con cara de, ey, yo tampoco estoy vomitando.
Resultó que junto al muchacho sonriente, los dos mozos que entraron después de mi, un chavalillo que luego se sentaría a mi lado en el autocar y yo misma, sumábamos 5 personas, solo 5 personas que no vomitaron en ese trayecto.
Cómo todos los viajes sean igual, debe de ser un chollo trabajar limpiando en un ferry...

Al fin estábamos llegando, el ferry fue perdiendo velocidad, los saltos que daba cada vez eran menos acusados, la gente, iba desfilando al cuarto de baño y salían con las caras mojadas, con mejor aspecto, cuanta menos velocidad, caras más relajadas, la gente suspiraba, sonreía, no veían el momento de abandonar ese vehículo infernal revuelve tripas, hasta que finalmente, llegamos, el ferry paró los motores y se formó una cola para salir, los primeros, los no vomitantes que no nos tuvimos que limpiar.

Estaba a punto de desembarcar en Algeciras, sabía que a partir de ese momento, el tiempo volvía a estar en mi contra, debía coger el autocar que salía cómo muy tarde a las 12, si podía ser el de las 11, pero la cosa estaba complicada cómo comprobamos a la ida, así que allí esperando a que abrieran las puertas parecía que estuviesemos esperando el pistoletazo de salida en una carrera.
Pero las cosas de palacio van despacio, y pasar la aduana en Algeciras lleva su tiempo.
La cola, dos funcionarios para 70 personas, que si miran el pasaporte, que si hacen una comprobación, que van, que vienen...al fin me llegó el turno y salí de la aduana.

Ahora tenía que sacar el billete para el autocar que me llevaría a Málaga, mi avión salía a las 4,15 de la tarde, el trayecto hasta Málaga son 3 horas y seguramente, cómo pronto, podré coger el de las 12.

Teniendo en cuenta que la hora límite para facturar son las 3,30, ¿llegaré?

10 comentarios:

iolanda dijo...

Ender, es increible lo que puede hacer el aprender a relajarte (en este caso tu lo estás describiendo como inspirar-expirar)
lo que me viene a la cabeza al leer tu relato, me imagino, y no puedo soportar, es el olor, ese olor nauseabundo que se da cuando una persona vomita, no dices nada, pero yo me he puesto enferma solo imaginarmelo...

Niña, eres fuerte!!
besitos,

Ender dijo...

Pues sí Ioli, era relajación, pura y dura, menos mal que la llevaba aprendida de hacía poco :D

En general, si soy capaz de mantener la respiración adecuada, consigo no marearme, es muy eficaz, pero a veces, si estoy muy cansada, si es tarde, si tengo migraña, el mareo me domina.

Pues mira, no me preguntes por qué, pero no olí nada de nada, y olfato tengo un rato, sin embargo, no recuerdo que oliese mal, si hubiese olido te prometo que vomito fijo :DDDDD

Daisy dijo...

Antes de seguir con la parte 3 me puedes adelantar algo?...estoy en un sinvivir...:DDDDD

todo está en el cerebro...está claro...pero estoy segura que yo habría gomitado...

rivela dijo...

¡Madre mia, madre mia!!Menuda situación surrealista. No quiero ni pensar como acabará todo....Yo por lo menos no vovería a viajar en toda mi vida. Espero la tercera parte.

mariajesusparadela dijo...

Pues no me explico cómo no vomitaste. Hay que tener una voluntad de hierro. Sabiendo eso , sé que sí, que llegarás.

Ender dijo...

Daisy ni adelanto ni nada, aquí a esperar cómo todo el mundo :DDDDD

Pues Rivela, he viajado después de eso, en Polonia nos vimos en otro embolado, por no tener en cuenta que lo mejor es viajar cuanto menos en el extranjero :DDDDD

Maria Jesús, yo tampoco sé muy bien cómo no vomité, por eso digo que este día mi mente gobernó completamente mi cuerpo pero en el sentido más positivo :D

Ana. dijo...

Y a todo esto nosotras en el megusta tan tranquilas, esperando que vinieses y nos pusieses fotos! jajajajja

Me has recordado el viaje de este verano a Menorca; por lo visto, las corrientes entre Mallorca y Menorca son terribles, famosas de toda la vida, pero yo no había ido nunca en barco, siempre en avión y no las había vivido; este verano no encontrábamos coche para alquilar y no tuvimos otra que ir en barco... menos mal que era "el rápido" y hace en trayecto en poco más de una hora... yo acabé como todo el mundo, vomitando, un amigo nuestro hizo como tú, concentrado y relajado y no vomitó, no... no vomitó en el barco, porque cuando bajamos y nos alejamos unos 100 metros no puedo más y "lo echó", mi chico, cogió un libro, se puso a leer y ni se enteró... él sí te puedo decir que fue el único! Una amiga se metió en el baño a la salida y salió a la llegada, se la oía desde fuera! Horroroso! Y pensar que teníamos que volver a Mallorca! Sólo me consolaba pensar que el viaje dura una hora, que por muy mal que una se ponga, en una hora pisa tierra... ese día ni merendé ni cené, por si acaso (y porque me lo recomendaron) y la verdad, el viaje fue buenísimo, no se mareó nadie, no vomitó nadie... menos mal que me queda buen recuerdo, que si no no vuelvo!
La próxima entrega va de carreras en el aeropueto, no? De esas también tengo experiencia! jajajaja
Te espero!

Ender dijo...

Jo Ana, gracias por aivsarme, ese trayecto no lo haré nunca, jajajajaja.

Yo estaba segura de que al bajarme del ferry y pillar el autobús, vomitaría, la verdad.

Sí, la próxima de carreras al aeropuerto...es que este era nuestro primer viaje al extranjero, nos asesoraron mal y lo organizamos cómo el culo, otro día, os contaré la ida, que fue también de órdago, y si las cosas se planifican mal, salen mal, es inevitable.

De todas maneras, la cosa no salió tan mal cómo podía haber salido :D

Miriamcita dijo...

Como casi todos saben, vivo en Tenerife y mi familia en Gran Canaria. Llevó aquí 7 años y bueno, los 5 primeros tuve un novio en la isla de enfrente, así que hice más viajes que una tonta.....y algunas veces fui en barco. Un día pillé el mar fataaaal y terminó así medio barco, yo incluída! Lo pasé peor por la amabilidad de los trabajadores, es decir si estoy vomitando ¡déjameeee!!!!, pero bueno es su trabajo.....que horror...el barco pegaba unos brincos, se caían las cosas de la tienda y la cafetería a bordo.....peor bueno, son cosas que pasan.....

Ender dijo...

Miriam, y los empleados, que no se ponen malos ni aunque el barco de brincos de 12 metros :D

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.