Sueño de adolescencia

lunes, 18 de octubre de 2010

Hace un año más o menos, decidimos que por cuestiones prácticas, íbamos a casarnos.
Bueno, no, hace ya algunos años, decidimos que por cuestiones prácticas, nos casaríamos.
Del día que lo decidimos, al día que lo pusimos en práctica, pasaron al menos 5 años.

El hecho en sí, me planteaba una disyuntiva, por que el matrimonio nunca ha sido algo que yo creyese necesario para mi, nunca he querido casarme.
Al principio de nuestra relación, ambos estábamos de acuerdo en que no íbamos a casarnos, por que para ninguno de los dos era algo necesario y así tiramos muchos años.

Luego llegó la decisión de tener hijos y entonces mi medio pomelo creyó necesario cambiar nuestro estado civil, por si acaso.
Mi disyuntiva moral era grande; mantenerme fiel a mis ideas y decir que no, o bien aceptar que la situación más práctica es la que planteaba mi medio pomelo.
Además, mi medio pomelo nunca pide nada, pero cuando pide, pide.

Así que acordamos que no me iba a convertir en calabaza, ni a desintegrarme por que nos casáramos, que sólo era un papel y que en realidad no cambiaba nada.
Mi medio pomelo, sigue siendo mi medio pomelo y no he cedido a las presiones de los que cuando lo llamo mi chico, o mi novio, me corrigen y me dicen, tu marido.
Mi marido era tan antes como ahora y si ahora me viene en gana llamarlo mi chico, mi pareja o mi novio, pues eso, que lo llamo.

A pesar de que no quisimos celebrar nada, la presión de nuestros amigos nos obligó a hacer una pequeña comida y después velada en casa y gracias a todos ellos, fue un día inolvidable.
Nos arroparon con mucha ilusión, amor y emoción, no quisieron dejar pasar la oportunidad de recordarnos lo mucho que nos quieren.
Y eso fue lo mejor del día.

Bueno, eso y que al fin se cumplió uno de mis sueños de adolescencia.
Cuando mi madre me chinchaba diciéndome eso de,
-Aunque ahora digas que no, al final te casarás, como hemos hecho todos.
Y yo, le decía con una sonrisita,
-Puede, pero te prometo que el día de mi boda, me presento en el juzgado en tejanos.
Mi madre ponía cara de espanto, pensando, que menuda cruz le había tocado con esta niña tan rebelde y me decía,
-Capaz serás de casarte en tejanos...
Yo ponía cara de satisfacción pensando en el acto de rebeldía institucional y familiar que supondría presentarme en el juzgado en tejanos y babeaba de felicidad.

Y eso hice, al juzgado, en tejanos.

Por que yo me caso, pero voy vestida como me apetezca.

6 comentarios:

Hawai dijo...

Lo de los tejanos es lo de menos.

Casarse no es lo mismo que no casarse, porque se genera un vínculo legal bastante enrevesado, para lo bueno, y para lo malo :).

Bicos, wapa ;).

mariajesusparadela dijo...

Bien por ti.

iolanda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
angelito dijo...

Felicidades de todo corazón, por casarte, y hacerle caso a tu medio pomelo, y por hacerlo como te dió la gana.

Al final, lo de casarse resulta también muy práctico, a veces necesario como dice tu medio pomelo.

Yo llevo casada 20 años (que se dice pronto) y poquisimas veces he llamado a mi medio limón "mi marido"

Un gran abrazo Ender

emejota dijo...

Bien por ti, fuiste consecuente. Siempre soñe con casarme así y en el campo, poniendo al cielo por testigo. Pero las reglas de la supervivencia femenina de mi época, considerando que me moría por tener hijos, me torcieron la voluntad y me "vendí", así que puestas a ser puta, la más cara. Enhorabuena, ya me hubiera gustado tener una hija como tú.

Ender dijo...

Haw, no, no es lo mismo, por desgracia no.
De todas maneras ya éramos pareja de hecho desde hacía más de una década que a nivel legal ya da para algo.

Gracias María Jesús.

Angelito, no me digas lo de hacerle caso al medio que me sale la vena reberdeeeeee!!!!! XDDDD

Oy, oy, oy emejota, que cosas (me) dices ;D

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