En mi otro mundo

viernes, 13 de febrero de 2009

Estoy en una casa en el barrio de mi infancia, la casa está muy elevada, casi en la montaña, estoy andando por el interior de sus habitaciones que están muy oscuras.

Sin embargo en alguna parte del piso hay mucha luz, se cuela a raudales, casi atravesando las paredes de la parte en penumbra.

Ando instintivamente hacia esa parte, a pesar de que estoy cómoda justo dónde me encuentro, envuelta en las sombras, sólo alcanzo a entrever el dibujo del empapelado antiguo y probablemente descolorido de las paredes del largo pasillo que lleva, invariablemente, hacia la luz.

Camino muy despacio, arrastrando mi mano por la pared, me demoro en llegar, degusto los detalles, el tacto del papel rugoso, el olor a antiguo de la casa, el sonido amortiguado y mortecino de mis pasos ligeros, la luz transformándose al ir avanzando…y llego hasta una puerta acristalada que abro con cuidado para descubrir que una parte de la casa no tiene paredes, simplemente termina en la calle cubierta por unas sábanas blancas que se balancean al ritmo del caprichoso viento.

Llego hasta las sábanas tendidas, quiero ver que hay más allá, alcanzo una de ellas y me asomo al otro lado. Sólo una calle dónde hay gente, una calle de mi niñez, tranquila, llena de recuerdos.

Me siento en el borde de esta casa imposible, para ver a la gente pasar, dejo que el sol bañe mi cara, el calor me hace sentir bien pero hay algo que me inquieta, algo que no deja que me quede allí, simplemente mirando, algo en mi interior, un anhelo que me hace ir más allá, sé que estoy buscando algo y puede que esté cerca, lo presiento…me levanto, observo la casa y subo a la parte más alta, el calor recorre mi piel, penetra en mis venas, estremece mis sentidos.

Busco con mis ojos hasta que encuentro lo que estaba buscando, el destino de toda mi existencia, está allí, a pocos pasos del lugar en el que me encuentro, hay un mar de azul absolutamente inverosímil que se adentra en la ciudad lamiendo los cimientos de los edificios, llamándome con sus cadenciosos movimientos, chocando contra los pies de los transeuntes que caminan felices por las aceras inundadas.

He de ir hasta allí, he de sumergir mi ansiosa carne en ese manto brillante que destellea cómo una promesa tentadora.

Dejo la casa, casi no puedo esperar hasta llegar pero sé que debo ser cauta, este lugar es excepcional y puedo encontrar maravillas en cualquier esquina, he de estar alerta para no perderme nada.

Voy descalza también, que mis pies rocen estos suelos, que se empapen de la magia que trasmiten, no tengo prisa, me muero de ganas por llegar, acorto la distancia segura de mi misma, siento en mi interior cómo el mar se acerca, siento sus olas atrayéndome, el pulso acelerado, ya puedo ver cómo serpentea entre las esquinas de las casas, ya mis pies se mojan en su tibia agua, pero sigo avanzando hacia este mar que no tiene playa pero que se extiende eternamente, más allá de la ciudad.

Dejo atrás el laberinto de hormigón, aquí el sol brilla con más intensidad, es casi cegador, muestra el mundo bajo una nueva luz, todo es más intenso, más real, sólo colores puros, sólo el mar, no hay nada más en todo el universo, nada más bello que contemplar, está simplemente ahí, rodeándome con ese azul eléctrico que me hace jadear, miro alrededor y ya no existe nada más que esta superfície de agua, que me estaba esperando desde siempre, trato de asirme a algo, tengo miedo de ser engullida y desaparecer, pero no hay nada, nada, sólo el mar y yo, a merced de este vigoroso y poderoso elemento, un mar que cuanto más avanzo más compacto parece.

A lo lejos se está formando una gran ola, sé que es peligroso, sé que va a destruir todo lo que conozco, pero no lo puedo evitar, en este día de luz, con el color de este mar que me tiene hipnotizada, sigo andando, la ola se acerca lentamente, sus dimensiones ya son aterradoras, puedo apreciar perfectamente la pendiente que se va formando en su perfil, avanza sin el menor ruido, sin asustar a nadie más que a mi, soy infinitamente pequeña, pero avanzo, que más da que mi mundo desaparezca, si lo va a hacer entre las olas de este mar calmado y amoroso, ancestral y primario, que más da si las aguas que me acunan son cálidas y brumosas, saladas y blandas, que más da, si en breve encontraré mi destino en su húmedo abrazo.

No es dolor lo que siento al llegar, el muro de agua resulta inalcanzable para mi vista si levanto la cabeza, llega sin furia, llega como una invitación indeclinable, sólo atravieso sus puertas y el mundo se sume en un silencio vacío, mi cuerpo ingrávido se desplaza lentamente, no hay oscuridad, el mar es traslúcido y brillante, el sol se cuela y ilumina el camino a seguir, sólo hay que continuar andando y dejar que este abrazo sea eterno.


6 comentarios:

diego dijo...

Ender, al principio de tu relato pensé que ibas de recuerdos de la infancia, quizás porque yo sigo situando la mayoría de mis sueños en la casa (también muy próxima al mar) en la que viví en Tánger los primeros 15 años de mi vida. Luego tu relato se ramifica, se enriquece... hasta acabar en un delicioso tsunami. Me gustan los textos que hay que leer dos veces para sacarles todo su contenido. Espero que el abrazo no sea tan eterno y reaparezcas pronto por aquí con tus cosas.

Daisy dijo...

Me recordastes La sombra del viento al comenzar...

Después pensé que era un sueño y recuerdo los míos que se repiten una y otra vez...yo suelo caminar por la orilla del mar en sueños, un mar bordeado de acantilados inaccesibles, un mar del Norte, por el que paseo con marea baja y cuando me quiero dar cuenta la marea sube y por mucho que quiera correr, no me da tiempo a salir de allí...afortunadamente me despierto sin haberme ahogado aún...

Lo maravilloso de las pesadillas es el despertar... A ti en cambio te gusta ese mar que te engulle, a mi no...

Bsucos

Ender dijo...

Diego, el mar de Tánger tiene un color para poblar los sueños de cualquiera, aunque nisiquiera me remojé los pies en él...

Curiosamente, mi vida nunca ha estado cerca del mar, no ha sido un paisaje habitual de mi niñez, y ha sido algo muy importante.

Besitos

Ender dijo...

Daisy, es un sueño, de repente, mis noches están pobladas de sueños otra vez, sueños que se pegan a mi durante el día y hacen que a veces no distinga cual es el mundo real, si este o aquel.

El mar de mis sueños siempre es algo muy intenso, a veces da miedo sin embargo, siempre voy hacia él, sin importarme lo que me cueste, voy hacia él, aunque una ola enorme caiga encima mío, y me asfixie, siempre hacia él.

Daisy, el agua son nuestras emociones, a veces los fondos del agua son turbios, otras oscuros, otras luminosos, otras el mar lo invade todo, arrasa con todo, cómo nuestras emociones.

Besitos

Daisy dijo...

Pues mis sueños con el agua siempre han sido aterradores...

No son aguas turbias ni revueltas, son aguas en calma pero me ahogo...

Antes de conocer el mar me caía al agua de un río, y me costaba como a ti saber si soñaba o no...Luego aprendí a nadar y dejé de caerme al agua...

Ahora cruzo por lugares donde apenas hay agua pero de pronto sube la marea y no me da tiempo a salir de allí...

Supongo que tiene un significado...

No has levitado nunca en sueños?

Levitar, sentirse ingrávido es el mejor de los sueños...

besucos

oye lo del enlace a la entrada cómo se pone? lo pongo en el SOS y me lo explicas

Ender dijo...

Pues si el agua son las emociones saca tus propias conclusiones ;P

Sí, sueño que levito, sueño que vuelo, son sueños agradables.

Besitos

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